De nuevo invoco un artículo de Cristina Galiano en su blog. Se trata de la cuestión del probado déficit de vitamina D entre los españoles, un país tan soleado por cierto. Lo trato aquí porque en mis dos últimos chequeos me han encontrado insuficiencia (sin llegar a déficit) de vitamina D y me han prescrito unas ampollas a tomar dos veces al mes para suplir esta carencia.

Pero tal como indica el artículo, sería bueno obtener también la vitamina D a través de los alimentos diarios, que normalmente son sencillos y fáciles de conseguir, además de tomar el sol fuera de los horarios peligrosos (antes de las 12 y después de las 18 horas), sobre todo en el verano, que es cuando podemos almacenar la vitamina D.

Galiano aclara que solo un 5-10% de esta vitamina se absorbe a través de la alimentación (con pescado azul, mantequilla -no margarina-, yema de huevo, queso, etc.). Pero son los rayos solares los que nos permiten asimilarla en su mayor parte. Los alimentos desnatados pierden el componente al no tener grasa.

Últimamente son muchas las pruebas analíticas médicas que incluyen el nivel de vitamina D, por considerar que ésta interviene en el sistema inmunológico, además de su importante función en la absorción del calcio (contra la osteoporosis en adultos y el raquitismo en la infancia).

Está claro que no recibimos suficiente sol durante el invierno, sobre todo en las grandes ciudades. Esto se refleja en nuestro estado de ánimo. Dice Galiano que también el sobrepeso influye en los bajos niveles de vitamina D. Y por supuesto, la alimentación junto a la ingesta de medicamentos, de alcohol y la edad avanzada.

Está clara la necesidad de estar o de pasear al aire libre sin protección solar aunque sea por poco tiempo.

Continúa la entrada subrayando que la falta de vitamina D lleva a una serie de síntomas físicos y de bajos estados de ánimo. Y algunos estudios lo relacionan con otras enfermedades crónicas.

Por ello se aconseja consumir alimentos ricos en vitamina D tres días a la semana (bonito, caballa, yema de huevo, yogur, atún, sardinillas, etc). Y evitar los alimentos enriquecidos o suplementados artificialmente, que tanto abundan en los supermercados.

Yo de momento, seguiré con mis apresurados paseos matinales pero sin crema de protección, e introduciré algunos alimentos como sardinillas en las cenas, además de continuar con el salmón y el atún. En fin, alimentos sanos y prácticas de cocina, lo de siempre.

 

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