No hace mucho dejaron su sede en el centro de Sevilla, junto a la Taberna del Alabardero (de su grupo empresarial), y se establecieron en la isla de La Cartuja, en el Pabellón de la Navegación; allí cuentan con una ubicación única, unas vistas increíbles y unos espacios de gran funcionalidad y aprovechamiento. De este modo, la Escuela Superior de Hostelería de Sevilla comenzó una nueva etapa de expansión y autonomía, siendo elegida en  2017 la mejor Escuela de Hostelería de Europa según Eurhodip, además de otros reconocimientos internacionales.

La Escuela cuenta con un restaurante –abierto solo a alumnos- que funciona de lunes a viernes. He sido y soy alumna (de cursos libres) desde hace tiempo, y por ello he podido disfrutar de su comedor.  

La cocina y el servicio de mesas están atendidos lógicamente por los propios alumnos de la Escuela. El comedor es moderno y funcional y cuenta con una magnífica terraza frente al Guadalquivir; cada día ofrece dos menús diferentes, con dos primeros y dos segundos platos a elegir y dos postres. Al final del menú y escrito también en pizarra, un mensaje a agradecer: “Haz tu menú más saludable con verduras”. Esto lo deberían decir todas las cartas. El menú se cambia a diario también. 

Una muestra:

Primeros platos 

Mozzarella frita con mermelada de frutos rojos y pimienta rosa/Habas con puntillitas y crema de cebolla dulce

Segundos platos

Gallo frito a la mantequilla noissette con calcots asados/Manitas de cerdo con boletus y crema fina de patata trufada

Los platos del comedor externo de la Escuela de Hostelería de Sevilla son de emplatado profesional y variado, exquisito sabor, cantidad razonable y precio mínimo. Lo ideal para disfrutar del sitio y de la comida, además de poder seguir trabajando después sin problemas digestivos. Los postres, geniales.

Tengo que decir que este centro educativo de futuros cocineros y profesionales de sala y gestión hostelera, lleva años organizando talleres de formación para el público en general (como yo), durante o una vez acabado el curso lectivo. En ellos, se fomenta la alimentación sana y los buenos hábitos de cocina, además de formar en técnicas y preparaciones. Creo que he asistido a todos. 

Mi enhorabuena a dos de sus excelentes profesionales: Fermín López (jefe de cocina) y a Javier García Pereda (dietista-nutricionista). Junto a su director, han conseguido el prestigio internacional de la Escuela y lo más importante: un ambiente amable y abierto a la sociedad, referencia del talento, el conocimiento y la formación en cocina.

Me consta que la Escuela va a organizar próximamente actividades abiertas relacionadas con los productos de cercanía, un presente que es el futuro.