Ha cumplido el medio siglo y sigue siendo un referente poderoso de la hostelería seria gaditana. La marca El Faro es -desde los años 60 del pasado siglo-, un nombre fijo en nuestro diccionario gastronómico. Hace alrededor de un año se ha incorporado la tercera generación de la familia que lo regenta, con Mario Jiménez Córdoba (formado en El Alabardero), quien ha modernizado la carta y ciertos detalles como nuevas salsas. Ya era hora de volver a visitarlo. 

Aún recuerdo mi primera comida de empresa allí, en El Faro de Cádiz, en la calle San Felix, allá por diciembre de 1972 (sí, yo era una niña trabajadora…); en esa ocasión El Faro ya había incorporado un maitre  y había vestido sus mesas con mantelerías de hilo, conservando su mejor materia prima pescadera, su primera razón de ser.

Con todas las mesas reservadas en este mediodía cofrade, pudieron apañarnos en una redonda situada en un paso para dos personas, todo ello antes de las dos de la tarde. Con lo cual estuvimos cómodos y amplios para almorzar.  

Ya he dicho que el salir a comer en pareja tiene muchas limitaciones de espacio en el estómago, lo que condiciona también la variedad en los entrantes. De todos modos, la conversación puede ser tan interesante como la que transcurre en grupo, según el “feeling” que tengan ambos entre sí. Y desde luego, en pareja se concentra uno mucho mejor en los sabores, eso lo tengo muy claro. 

Un ejemplar maxi de tortillita de camarones para cada uno –que sugirieron comer con las manos- abrió el menú. Creo que estaban dentro de lo esperable.

Las albondiguillas de marisco en salsa de berberechos, otro clásico de El Faro nos parecieron muy correctas. Las pavías de bacalao en salsa de membrillo, miel, wasabi, boniato y mostaza estaban espectaculares.

Pero el plato estrella fueron los “lomos de dorada ahumada, ajopapa y salteado de salicornia”. Un toque especial al pescado, con emplatado clásico, con lomos bien tratados, con la salsa adecuada, la justa temperatura, y el punto de la salicornia. Nos encantó este plato, que pertenece a las novedades introducidas por Mario Jiménez, sobre una propuesta de cocina tradicional.

Los postres: la torrija caramelizada con helado artesanal de romero fue uno, del que destacaría muy por encima el punto del pan de la torrija, un “brioche” exquisito, elaborado para El Faro. Y el otro, helado artesanal de pasas al Pedro Ximénez, por encima de la media. Pero la torrija me dejó huella.

Otros detalles a destacar fueron el contar con vino de la Tierra de Cádiz servido por copas (Cortijo de La Jara), y el especificar en la carta el origen provincial de algunos productos, como la finca El Bucarito. Es lo suyo.

La factura reflejó una buena relación calidad/precio, con correcto servicio, ambiente, y la potente infraestructura de El Faro, que 53 años después sigue siendo el buque insignia de nuestra hostelería local, con tantas buenas opciones que estamos viviendo en los últimos tiempos.

Y repito que por las limitaciones de la pareja, nos quedaron pendientes una serie de platos nuevos del Chef Mario Jiménez, que probaremos en otra ocasión.