Ciudad hábil con los contrastes.  El domingo pasado nuestro buque escuela Juan Sebastián de Elcano zarpó del muelle de Cádiz rumbo a su 90º Crucero de Instrucción. Coincidió por vez primera –creo- con el fin de semana más duro de Carnaval. No obstante, la salida náutica ocupó una franja horaria en la mañana libre de aglomeraciones y bulla carnavalera; eso sí, con su público de siempre, junto a autoridades civiles, militares y religiosas (castrenses).

Salida que hemos vivido durante años –normalmente el segundo fin de semana tras la fiesta de Reyes- y es siempre una celebración especial, un aliciente para un domingo que atrae visitantes y ocupación gastronómica, y sobre todo un recuerdo emocionante para todos los públicos. En 2009 conté mi experiencia.

Comenzó a las 9.30 la misa celebrada en Santo Domingo lleno de público,  –muchos de pie- , tras la reserva de bancos para guardiamarinas y sus familiares. No faltó el canto de la Salve Marinera con las voces militares masculinas y la banda de música de Marina. De nuevo emoción y silencio.

El acto religioso concluye con la firma del documento de cesión temporal de la imagen de la Galeona (una copia), que viajará en el barco durante la travesía. Así, el prior dominico –guardián de la talla- obliga al Comandante del barco –receptor de la misma-, a su custodia y devolución a su regreso. Todo ello, tal como ocurriera en el siglo XVIII, cuando La Galeona navegaba a bordo de la nave capitana de la flota de Indias.

Tocaba pues portar a la Virgen en una pequeña cúpula o tumbilla en parihuelas hacia el muelle para embarcar, a lo largo de la calle Plocia hacia la plaza de San Juan de Dios, cruzar Canalejas y acceder por la puerta habilitada para ello al puerto. En él ocupaba un gran espacio la famosa carpa para los bailes de Carnaval, ahora en silencio.

Bastante público acompañando la procesión, muchas fotos, (un clérigo wasapeando), desfile ordenado y elegante, música militar lenta por aquello de llevar la imagen (en otras ocasiones son marchas rápidas y alegres). Antifaces y gorros de carnaval y algún que otro niño disfrazado de Bob Esponja. Y el pavimento recién baldeado tras la dura noche de botellón.

En el muelle, sitio acotado para la multitud, dividida en familiares y público en general. La Asociación Cádiz Capitana del Mar, uno de los patrocinadores de la Campaña Cádiz con Elcano repartía pegatinas reivindicativas y recortables para los niños. Los guardiamarinas subieron en orden al barco, preparado ya para su partida, y ocuparon sus puestos correspondientes, mientras la tripulación comenzaba las maniobras. Todo previsto.

Mezcla de visitantes, propios, familiares, medios gráficos, autoridades que suben a bordo y abanderados con las enseñas de los puertos que visitará el Buque durante los próximos seis meses: El Funchal –Madeira-, Las Palmas, Rio de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Ushuaia, Punta Arenas, Valparaíso, El Callao y Charleston. Además, El Buque participará en las regatas Velas Latinoamérica 2018. Tras ellos, la coral de la Universidad de Cádiz, un sol de justicia en pleno febrero, y nosotros sin sombrero de protección.

Este año más música militar que pasodobles, (eché de menos Chiclanera),  y me perdí las despedidas de la tripulación, siempre emocionantes, con sus parejas e hijos en el muelle, pero me situé lejos de ellos. Sí escuché los silbatos marineros que traducen movimientos de autoridades en el barco. El cielo azul deslumbrante.

En la espera, conversación con un grupo de aragoneses que por primera vez visitaban Cádiz: nuestra ciudad, sus torres miradores, sus casas palacio, lo que fuimos hace 300 años….. pero también el artículo 155 –inevitable- y su relación con los catalanes. Por cierto, dimos tres vivas a España, que tampoco es nada malo, aunque yo no soy de colgar banderas en mi balcón, excepto la de mi equipo de fútbol.

A las 12.05 salió el barco tirado por remolcadores como siempre, saludos en tierra y a bordo, y otra Salve Marinera cantada por la Coral. Más fotos y grabaciones del video musical. Marketing elegante de nuestra ciudad.

Abandonamos el muelle, y nos topamos con las primeras carrozas de coros. Pudimos escuchar dos tanguillos piloto, aplausos, y alegría de la música de pulso y púa.

El Elcano es nuestro mejor embajador. Tal vez de las pocas reliquias militares e históricas que nos quedan para celebrar, en un muelle natural, con un bergantín goleta hecho, mantenido, remodelado, y con ida y vuelta a Cádiz durante 90 años. Entonces ya andarán solos los bebés que dejaron los marineros de la tripulación y será el momento de abrazarse y aprovechar el tiempo hasta la siguiente singladura.

Me gusta la frase Cádiz con Elcano.