Guerra al despilfarro doméstico, aunque sea en pequeñas dosis. Toda aquella verdura que nos sobra en diminutos trozos de poca presencia (picos de pimientos, trozos de tomates, rabitos de cebolletas, extremo verde de los puerros, piezas sueltas de apio, zanahorias que empiezan a deteriorarse, etc.) es bueno para hacer un buen caldo de verduras propio, de casa. De hecho, han sido tantos los caldos caseros elaborados este año, que no hemos tenido más remedio que darle el título de Personaje del Año en Comeencasa, sí, al caldo hecho en casa. Y por ello ocupa nuestra portada, aunque todavía congelado.

Para añadir al arroz de verduras, para cocer los potajes de legumbres, para cualquier guiso que necesite más líquido, para conseguir en suma más sabor sin perder la suavidad del gusto de siempre, de las hortalizas propias. Ése es el papel del caldo de verduras nuestro.

Una vez hecho, es cuestión de dividirlo en botes y congelarlo para nuestras futuras necesidades. Siempre sin añadirle sal.

El caldo autóctono es una garantía de conseguir un buen sabor en cualquier receta, sin que por ello tengamos que traer a casa líquidos industriales, de aromas instantáneos pero superficiales y falsos. Se presentó al concurso en febrero del año 2017, y ya ha hecho méritos suficientes para ser elegido nuestro Personaje del Año. Porque es un producto eficiente y eficaz, las dos cosas.

Gloria al caldo autóctono, declarado de utilidad pública por Comeencasa.