En un office cedido por el Centro Social María Inmaculada en Sevilla, el único espacio que tenemos para impartir nuestra formación, hemos finalizado con buen sabor de boca un nuevo ciclo de talleres de cocina. Fue el pasado jueves 7 de diciembre. Han sido solo seis alumnas las que han cumplido la asistencia, de las nueve que empezaron (una de ellas no pudo asistir al acto de clausura, pero se le entregó su diploma).  A lo largo del curso se prepararon quince recetas básicas elaboradas con nuestros medios personales y económicos. No está mal para los objetivos de nuestra Asociación Comeencasa. 

Sin embargo, este ciclo ha contado con dos novedades interesantes: la primera es que -el último día de clase- las alumnas han elaborado dos recetas de sus respectivos países: arepas, guao y tortas de Guatemala, tres platos tradicionales de América Latina, que hemos podido degustar, y que han resultado ser una delicia. Es la primera vez que las alumnas nos obsequian con su propia cocina. Y nos encantó.

Y por otro lado, hemos contado con la colaboración valiosa y desinteresada de un jefe de cocina –chef, ya jubilado-, Pepe Marín, que ha ofrecido una clase magistral de “teoría de ayudante” o “pinche” en una cocina profesional. Un curso acelerado con las pautas básicas de cómo trabajar en el mundo de la hostelería, junto a unas cualidades y capacidades imprescindibles. Ha sido toda una suerte tenerlo con nosotros, por lo mucho que nos ha podido aportar.

Atención a las indicaciones de Marín, preguntas, degustación de recetas del otro lado del Atlántico, entrega de diplomas, y los saludos y despedidas acostumbrados. No podemos quejarnos, porque el grupo ha sido de lo mejor: chicas interesadas en la cocina y deseosas de aprender. Eso nos motiva para seguir adelante, en un momento en el que teníamos cierto desánimo.

Y siempre el factor humano: jóvenes que ya están insertadas en nuestro país, con empleo en el servicio doméstico y con papeles; otras pendientes de cumplir el plazo para obtener su permiso de trabajo; y otras, recién llegadas, dejando a sus hijos en sus lugares de orígenes, conscientes de que empiezan una aventura en España, y conscientes de sus muchos riesgos. Y una de ellas, que pronto será mamá en España. Su hijo comenzará aquí su nueva vida.

La vida misma pasa por esta cocina, una cocina a la medida del voluntariado.