«Algo tiene el agua cuando la bendicen» -diría mi madre-, para el caso de una suposición que se ve cumplida en la realidad. Y en gastronomía, si la sabiduría, la experiencia, los medios, la buena gestión y la constancia se unen, pues resulta que el resultado es de diez. Ésa fue nuestra impresión tras salir de almorzar en el Restaurante El Faro, en El Puerto de Santa María, regentado por el maestro de maestros, Fernando Córdoba.

Próximo a cumplir treinta años de vida, este establecimiento –perteneciente al grupo El Faro- , se sigue manteniendo como una referencia de la mejor cocina de Cádiz, uniendo tradición e imaginación, además de una excelente puesta en escena. Un lugar para recomendar siempre, porque por él pasan todas las tendencias.

Nuestra mesa se situaba en un salón con pinturas de faros colgados en las paredes, pertenecientes sobre todo a Francia y Portugal. Con la luz tenue, la justa para la degustación, junto a un servicio de camareros profesional y atento.

Siempre digo que dos personas no pueden agotar la carta, es cuestión de capacidad física, así que hay que agradecer al restaurante que fraccionara algunos de los platos solicitados, para poder llegar al postre, y así fue.

Un caldo de marisco espectacular –cortesía de la casa- nos hizo entrar en calor, que falta nos hacía.

Lo primero en llegar fue la tosta de anchoas en salazón y boquerones en vinagre sobre alboronía, cebolla roja confitada y ali-oli. Un plato refrescante y aromático que nos encantó, y que compartimos como buenos cónyuges.

El pulpo templado con alboronía fue el siguiente plato, que rogamos minimizaran un poco, y que lo hicieron muy bien. Un pulpo de categoría sobre verduras.

Pero tengo que confesar que pusimos nuestros cinco sentidos en atender las dos tortillitas de camarones tamaño extra  (también la mitad de lo anunciado en carta). Magníficas, crujientes, buen tamaño, con una superpoblación de camarones, y con la masa adecuada. Un plato estrella en El Faro y que nunca pasa de moda.

Las albondiguitas de marisco con una sobreusa al Jerez, fino y algas nos asombró. No recuerdo haber probado unas albondiguitas tan jugosas y suaves. Realmente especiales.

No quise perderme un elemento estacional, con los boletus frescos de temporada salteados con patatas confitadas, huevo y lascas de queso. Un plato delicioso, a la temperatura ideal, que permitió disfrutar la jugosidad de los ingredientes.

Mi compañero –más de carne que yo- pidió el cochinillo con patatas. Lógicamente, probé un poco de su plato, que para eso hay confianza. La carne estaba finísima, jugosa, sabrosa, en su mejor punto. 

Cerramos la sesión con un postre a compartir que fue tarta de queso –rico y ligero, que es de agradecer-  unas galletitas de canela y unas nueces bañadas en chocolate. Buena repostería la de El Faro, acorde con lo demás.

Como comentarios suplementarios, decir que para mi satisfacción, tienen varias cervezas artesanas de la provincia de Cádiz (Maier, 15/30, Volaera….) y que además probamos el tinto Cortijo de Jara cosecha 2016 (tempranillo, merlot y syrah), que en mi opinión ha ganado mucho en cuerpo y untuosidad.

Y para rematar, disfruté de un buen café, preparado por el camarero en la proporción solicitada por mí, así que tampoco puedo quejarme en este capítulo.

Salimos no sin antes saludar al Jefe de todo aquello, Don Fernando Córdoba, maestro de maestros de cocina, con el que charlamos de la situación culinaria en Cádiz, de las nuevas tendencias (Fernando domina este mundo), y también de viejos recuerdos, allá por los principios de la empresa, adónde han llegado a base de formación, trabajo y búsqueda de la excelencia.

El Faro ofrece un ejemplo de la mejor cocina de Cádiz, pero también un ambiente tranquilo, incluso con todos los salones llenos, donde el cliente se aisla en mesa y conversación. El ritmo es constante, sin agobios y con profesionalidad. Y los sabores se mantienen en armonía y equilibrio, sin dejar por ello indiferente al comensal, ése es el mérito y el secreto de su éxito.