Todos ellos sirven para alimentarnos -unos mejor que otros- y van juntos en nuestro carrito de la compra. Tal vez compartirán nevera y congelador. Pero entre ellos hay diferencias, fundamentalmente por el efecto de la mano del hombre, cosa que no es solo fruto de estos tiempos que nos ha tocado vivir. Siempre ha habido transformaciones en los alimentos más o menos complejas.

Por ello, los alimentos que comemos –frutas, verduras, legumbres, pescados, carnes, fiambres, quesos, huevos, etc.-, pertenecen a cinco gamas distintas en función de su origen o presentación, tras la transformación sufrida previa a su comercialización. La página Directo al Paladar lo publicó hace algunas semanas.

Y por esta diferenciación, cada tipo de alimento va a necesitar un tratamiento distinto para ser conservado y para ser consumido, variando también sus propiedades organolépticas, su sabor y sus nutrientes. Sin olvidar que los alimentos frescos son siempre los productos estrella de nuestra alimentación. No obstante, los demás tienen también un papel en nuestra dieta.

Primera gama: alimentos frescos que no llevan transformación alguna o tratamiento de higienización. Dependen del frío para su conservación. Son por tanto muy perecederos, sobre todo la carne y el pescado, que habrá que congelar caso de no consumirse en un límite de 48 horas. Los lácteos deberán guardarse en la nevera. La fruta podría estar a temperatura ambiente al menos siete días, pero sin cortar. Las legumbres secas son la excepción.

Segunda gama: son los alimentos en conserva: tomates, espárragos, salsas, mermelada, atún… Estos alimentos han sufrido un proceso térmico antes de ser envasados para alargar su conservación. Excepto las anchoas en lata, pueden almacenarse sencillamente en lugar fresco y seco. Llevan impresa una fecha de caducidad.

Tercera gama: Pertenecen a ella los productos congelados (verduras, pescado o marisco), que hay que descongelar, preparar y cocinar para consumir, cuidando de no romper la cadena de frío. El tiempo de estancia en el congelador tiene un límite distinto para cada uno (6 meses el pescado y carne y 6-12 para la verdura).

Cuarta gama: se incluyen aquí los envasados al vacío o en atmósferas controladas. Están listos para cocinar, ya cortados, al vacío o en bolsas. Por ejemplo las bolsas de ensalada o verduras peladas y cortadas, listas para guardarse antes de consumir. Suelen durar siete días antes del consumo.

Quinta gama: Son los alimentos listos para consumir, y solo necesitan calentarse (platos preparados, tortillas de patatas, etc); los fríos pueden tomarse directamente. Se han sometido a procesos higienizantes (esterilización y pasteurización), por salud y seguridad. Aunque nos sacan de algún apuro, no son la mejor opción para la alimentación, pues llevan conservantes y otros ingredientes químicos.