Mucho llevo contado aquí sobre cerveza y mis experiencias cerveceras (catas, maridajes, presentaciones, concursos de cocina…). Esta bebida me entusiasma como símbolo de buenos momentos. No olvido tampoco unas torrijas en Semana Santa hechas con cerveza Cruzcampo por el equipo de la Escuela de Hostelería Gambrinus en Sevilla, que estaban espectaculares. En fin, el vino y la cerveza en nuestra casa son fondo de nevera como bebida pero también como ingrediente culinario (de los refrescos no digo nada).

Acabó el verano oficialmente y con él el recurso y la compañía de la cerveza ligera de barra contra al calor del sur, la que permite consumir dos o tres vasos o copas de amistad sin poner en peligro la integridad mental. Pero el otoño pide otros tipos de cervezas, con más cuerpo, más seriedad, más alcohol también (¡ojo!) y otros matices de sabores para disfrutar más lentamente, pero ya sentados.

Siempre tenemos en la nevera varias Cruzcampo Gran Reserva, una cerveza con trazas sevillanas, de entrante en mesa y maridaje casi universal, que bebemos en copa alta tal como recomiendan los gurús cerveceros. Confirmamos que sabe distinta en casa que en la calle, por otros factores del entorno.

Quedaba alguna botella sin enfriar y decidimos añadirla a un guiso de solomillo de cerdo ibérico, sin perjuicio de catar nuestra copa helada con lentitud. No olvidemos que lleva 6,5º de alcohol, lo que la hace muy respetable. (El trabajo de cocina a veces lleva recompensa).

¿Qué cerveza escoger para cocinar?. Ya sabemos que ésta sustituye perfectamente al vino o la sidra, pero solo si se equilibran los aromas y los sabores. Cualquier cerveza no vale. Debe aportar contenido y aromas reales. 

Cruzcampo Gran Reserva, con sabores cítricos, de un dulzor discreto y una fácil bebida, es algo turbia y con espuma blanca equilibrada; lleva un incipiente y leve amargor. Se trata de una cerveza especial, y afortunadamente son cada día más los establecimientos que la ofrecen.

El resultado en fogones fue espectacular, tanto en carne como en salsa y luego en maridaje. Nos hizo recordar los concursos de Cruzcampo para maridar esta cerveza Gran Reserva con distintos platos de jóvenes cocineros, apadrinados por el Chef Ángel León. Una prueba de muy alto nivel.

Dicen los entendidos que la carne de ternera y de cerdo van muy bien con las cervezas negras, por sus aromas de lúpulo. Pero ciertamente nos fue muy bien con Cruzcampo G.R.  Esta cerveza rubia y aromatizada, encaja en esta elaboración: la salsa quedó muy bien trabada, suave y frutal, justamente reducida, y la carne acopió su mejor punto de jugosidad. También la patata lo agradeció.

Y aquí la receta:

Ingredientes: 1 solomillo de cerdo (aprox. 600 g), 1 botellín de 1/3 de cerveza Cruzcampo Gran Reserva a temperatura ambiente, 1 cebolla grande, 2 dientes de ajo, 1 limón, 1 patata mediana, 1 pizca de pimienta, 1 cucharada de mostaza, 50 g. de arándanos, 1 cucharada de miel, pizca de tomillo y sal.

(Utilicé olla ultrarrápida aunque con tapa convencional, por la calidad de su aleación). De haber usado la tapadera propia el tiempo habría sido mucho menor. Pero de este modo controlé el proceso de cocinado y la reducción, así como la aparición de aromas, que nos ofrece toda la información.

Elaboración: se limpia de grasa el trozo de solomillo. Se ralla el limón y se exprime, y se mezclan zumo y ralladura en un mortero junto con la mostaza, la miel (le va divinamente) y la sal. Se macera la carne con esta mezcla media hora como mínimo en nevera. Se pican ajos y cebollas.

Se marca la carne macerada en la cazuela, vuelta y vuelta y se reserva. En la misma cazuela se sofríen ajos y cebollas durante 5-10 minutos. Se añade la mitad de la botella de Cruzcampo G. R. y la cucharada de tomillo. Se deja unos minutos.

Se pela la patata y se corta en rodajas, añadiéndola junto con la carne a la cazuela, dejando que cueza todo 30-45 minutos, poniendo al final los arándanos, el resto de la cerveza y corrigiendo de sal. Al principio, sin tapadera para que evapore el alcohol.

El líquido debe cubrir la carne, si hace falta añadimos más cerveza.

Solo nos queda pasar la salsa por una batidora, cortar en rodajas la carne y emplatar ambos.

Lo dicho: una cerveza en copa larga y en el buen solomillo para disfrutar.