Esta entrada está dedicada a ti, que trabajas con horarios irregulares, que además viajas por motivos laborales y que comes casi siempre más de la cuenta y peor de lo que sería aconsejable; porque además cuando tienes comidas de trabajo no hay control sobre las cantidades puestas en la mesa. En fin, intentaré darte algunos consejillos por si te sirven de algo, y de ese modo puedes tener mejores digestiones. A ver.

En el desayuno: Creo que sigue siendo buena idea exprimirte naranjas en casa, aunque los dietistas no lo consideran como fruta en este caso. Si amaneces en un hotel, puedes recurrir a un plato de fruta variada (plátanos, kiwis, peras, melón….etc.). Tras ese entrante, una buena tostada con aceite de oliva virgen extra, con un tomatito en rodajas encima, y si me apuras un poco de jamón o similar, quedaría muy bien. Lógicamente, necesitarás algo calentito, y el café –no muy cargado- con leche en su taza sería lo mejor. Olvídate del azúcar y de la sacarina (eso es un rollo, un sabor extraño), y si puedes, añade una cucharada de miel, que por lo menos es natural.

En cuanto al pan, prueba con el de centeno, que suele ser más digestivo.

Esta toma tempranera necesita un segundo repaso a media mañana. No olvides tener a mano un plátano, dos o tres nueces o un yogur. Te sentará estupendamente.

En el almuerzo: Si puedes comer en casa, aquí no hago concesiones. Hay que tener previsto el almuerzo desde el día antes. Recuerda mis consejos de planificación: los lunes, lentejas, y los martes, pescao. Los miércoles puedes repetir legumbres. Éstas podrían estar ya hechas y congeladas en fiambreras de dosis individuales (garbanzos, fabes o alubias). Pues eso, que hay que tener hecha la comida, al menos el primer plato o principal. Y no olvides el plato de verdura cocinada (purés, cremas, pistos, salteados, etc.) o bien cruda como las ensaladas de tomatitos cherris, de rabanitos, etc.; la verdura que no falte nunca. El resto de la semana debes meter alguna carne (mejor que no sea roja, pero de calidad), un buen plato de arroz o de pasta y otro más de pescado.

Cocina las legumbres con poco aceite (1 cucharada por persona) y poca grasa, acompañadas de verduras, que quedan muy bien. 

Con las legumbres o con arroz deberías restringir el pan, pues ya estás comiendo suficientes hidratos de carbono. Con las papas aliñadas pasa igual, sustituyen al pan.

Y es importante que tengas una jarra con agua del grifo sobre la mesa, para irla tomando poco a poco.

Ya sabes que las recetas puedes cogerla de este blog.

Para la merienda: recuerda el beneficio de tomar algo a media tarde. Desde una infusión a un yogur blanco (sin azucarar por supuesto, y sin sabores, que son un timo), así como algunos frutos secos y fruta. Un bocadillo pequeño de queso no creo que te siente mal.

Llega la cena: Una tortilla francesa de dos huevos te vendría estupendamente. Al lado, unos tomates aliñados. Podrías ponerte también un cuenco pequeño de arroz basmati con piñones y pasas, sustituyendo el pan por cierto. Otra opción es un filetito de pollo a la plancha con un poco de jugo de limón, que te sentaría muy bien, junto a unas judías verdes salteadas con ajitos. Una pieza de fruta terminaría la cena.

IMPORTANTE: comer despacio. Masticar bien, muchas veces, y, como ya te he dicho alguna vez, dejando caer el cubierto sobre el plato de vez en cuando, para evitar la prisa.

Racionando el pan, incluyendo verduras en cada toma y dejando las cervezas para el fin de semana, y haciendo –claro está- un poco de ejercicio a diario, te irás encontrando sin duda bastante mejor. Se trata de estructurar bien las comidas (verduras, proteínas e, hidratos de carbono) para aprovechar todos los beneficios de estos alimentos, y de comer de modo variado.

Procura comprar los alimentos básicos en las fruterías –en el mercado o en las tiendas de barrio-; carnes y pescados en las tiendas especializadas y el resto de los productos (legumbres, pastas y lácteos) en los correspondientes supermercados. Olvida tantos productos envasados, que llenan la casa de tiestos y añaden sabores atípicos. Cuantos menos envases mucho mejor para tu salud.

Haz tu lista de menús semanales (incluyendo almuerzos y cenas) y si comes fuera, adapta las comandas a tu agenda según la estructura verduras-hidratos-proteínas. No hay más secretos.

Y desconfía de todo lo procesado. Son para un apuro, pero luego pasan factura. Y, porfa, evita esos refrescos tan chungos….

Ya me lo dirás.