A pesar de las irregularidades perpetradas por algunos sectores de la industria alimentaria, así como del fraude llevado a cabo por algunos indeseables, el buen aceite de oliva cuenta con una catalogación y un apoyo institucional como nunca ha tenido. Hoy el consumidor medio tiene la oportunidad de estar informado sobre las bondades y valores de su elaboración. Y para ello debería saber o poder interpretar las etiquetas del aceite de oliva virgen extra.

La escritora y bloguera Cristina Galiano escribe un artículo sobre la cantidad diaria aconsejable de aceite a consumir, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el reportaje, aprovecha para defender a ultranza las bondades del aceite de oliva virgen extra, como fuente absoluta de salud, frente a todos aquellos aceites etiquetados como “aceite de oliva” y que no son más que aceites refinados, pero que juegan a confundir al consumidor.

Igualmente, defiende la relación calidad/precio de este aceite, teniendo en cuenta sus limitaciones en el consumo por su gran densidad de calorías. Se aconsejan 3 cucharadas soperas diarias (30 g) por persona, lo que equivaldría a un consumo mensual individual de 1 litro; evidentemente, con esta racionalización de aceite, el coste del mismo es muy asumible en la cesta de la compra mensual. Y ya de paso, se podría prescindir de la compra de refrescos y bebidas carbónicas tipo «cero calorías» que no aportan nada a nuestra alimentación y cuya factura total es mucho más alta.

Es decir, para personas adultas, 3 cucharadas soperas diarias, contando todo el aceite que se emplea tanto en crudo como en cocinado. Caso de no tener problemas de peso, se puede ampliar a 5 cucharadas diarias (45 g). No obstante, en ningún caso debe bajarse de 1 cucharada diaria, pues son necesarias sus vitaminas liposolubles en estas grasas, así como sus antioxidantes.

Galiano insiste en la bondad del a.o.v.e., tanto en aliños como para guisar o freir. Es el más saludable (oro líquido), por su riqueza en ácido oleico, vitaminas y antioxidantes como polifenoles. Además, es el más estable. Y yo diría además, que es el que más dura y mejor se comporta en los fritos.

Nuestro país, primer productor mundial de aceite de oliva virgen extra, no es sin embargo el principal consumidor, pues el más utilizado lamentablemente es el de oliva refinado, cuyo etiquetado además, confunde al consumidor, ya que nunca pone “refinado” o figura en letra tamaño lupa, que es lo mismo.

Ya en otras ocasiones hemos hablado aquí del precio mínimo que debería llevar un litro de aceite, pues a veces éste no cubre los costes de producción, poniendo en evidencia su mediocre calidad.

Sería bueno ir adquiriendo algunos conocimientos sobre nuestro aceite de oliva virgen extra (orgullo gastronómico español y mediterráneo), en el sentido de ir familiarizándonos con las distintas variedades de aceitunas que intervienen: hojiblanca, cornicabra, picual, arbequina, etc., todos distintos en intensidad, suavidad, acidez, estabilidad y sabor. En España tenemos 260 variedades de aceitunas, que si van mezcladas en una botella, definen un aceite de “coupage”, frente al monovarietal, de un solo tipo de aceitunas. Ambos pueden ser igualmente buenos.