Desde 2014 no íbamos por este lugar del término de Jerez (Carretera de La Corta); de hecho estuvimos un par de veces y siempre salimos contentísimos. Incluso con ocasión de una reunión familiar con miembros diversos en edades y gustos, el Albero cumplió de maravilla. Yo la titulé la Venta Perfecta,, pues cumplía todas mis expectativas.

Platos de buenos guisos de legumbres, pescados (fritos, plancha o elaborados), aliños, estofados de carnes, etc., hacen de esta venta un lugar más que apetecible, incluyendo sus buenas croquetas de puchero.

El pasado sábado, tres años después, pudimos comprobar que habían arreglado el patio exterior, adaptándolo a celebraciones. Y que se había instalado un oportuno cerramiento de cristal en la terraza exterior, dándole un toque más sofisticado. Las ventas también deben actualizarse. Luego el dueño, Juan Pedro Giménez, que además nos reconoció (¡qué bien!), nos contó que habían cambiado también el suelo.

El caso es que la Venta Albero luce limpia, impoluta, luminosa, con camareros amables y rápidos, casi todos con vínculos familiares. Hay dos o tres barras, y la cocina funciona más que organizadamente. No obstante, su arquitectura sigue conservando su vieja distribución, tal como lo indican la forma y altura de sus techos. O sea, que no pierde su naturaleza de venta.

Junto a la carta oficial, adaptada sobre todo a niños y a gustos sin definición, tienen siempre cuatro o cinco platos especiales, que canta Juan Pedro y que es necesario escuchar. Nosotros tuvimos el atrevimiento de ir sin reservar (éramos solo dos), con la suerte de poder encontrar una mesa –ya apalabrada- pero con horario más tardío, y así, en hora y cuarto, almorzamos con postre incluido.

Si bien la cocina de caza es la especialidad de la Venta Albero, nosotros seguimos nuestra propia “hoja de ruta”, que se inauguró con unas magníficas “papas aliñás” que está claro que nunca pasan de moda. 

Comenzamos con una buena sopa de tomate que no nos quisimos perder, y una espectacular ensalada de pimientos con bonito (escabechado) y aguacate. Llegó el plato para mí “estrella” que fue el de berenjenas con miel (más que perfectas). Las croquetas de puchero como siempre, con jugosa bechamel, aunque yo las prefiero más pobladas, y las albóndigas de cerdo ibérico en salsa de tomate, dentro de lo correcto, eso sí, con patatas fritas de verdad.

De nuevo el postre de tocino de cielo nos impactó. Tengo claro que Jerez se distingue por esta receta, de repostería propia en Albero. Las ventas deben ser las garantes de la cocina tradicional, con la difusión de los productos de cercanías. Ése es y debería ser su gran mérito. 

Como consejos: reservar mesa siempre, dejarse llevar por Juan Pedro, y procurar ir en grupo para probar de todo. Y también, acordarse de los buenos vinos de la provincia de Cádiz que tiene el establecimiento. 

La Venta Albero está incluida con la máxima puntuación calidad/precio en el libro “Cádiz Venta a Venta”, una guía editada en 1999 por la Diputación de Cádiz. Librito que recomiendo para los amantes de las ventas como nosotros.