El pasado 28 de julio asistimos a una “Noche Blanca” a modo de ruta o visita por la iglesia y convento de San Francisco en Cádiz, una joya del siglo XVI, si bien el recorrido se centró en el siglo XVIII, por la conmemoración del Tricentenario del traslado de la Casa de la Contratación de Cádiz a Sevilla. El convento se llamó en sus inicios “Madre de Dios de Los Remedios”, imagen que preside el retablo mayor.

El evento, organizado por la comunidad franciscana, tenía el objetivo de obtener recursos para sufragar obras necesarias en el claustro. La visita tuvo un gran éxito de público, pues no quedó un solo turno libre, quedándose fuera algunas personas interesadas.

Quería resumir un poco las distintas fases en que consistió la visita franciscana, cuya excelente organización permitió que accedieran grupos de 25-30 personas cada media hora, sin entorpecer el resto de las visitas durante el recorrido.

Además de los propios de la organización, tres figurantes vestidos según el siglo XVI nos recibieron con un colgante de regalo con la letra Tau, última letra del alfabeto hebreo, y auténtico símbolo franciscano. Los mismos que explicaron su pertenencia a la orden tercera –seglar- franciscana, al tiempo que puntualizaban los diferentes grupos religiosos que confluyen en el mundo franciscano. Una pequeña lección de historia. Nos recordaron que los franciscanos, desde 1835, solo ocupan una cuarta parte de su antigua parcela, habiendo perdido su huerto.

A continuación, otros actores explicaron el origen y la naturaleza de los diferentes retablos, sufragados por ricos comerciantes extranjeros y por ilustres personajes gaditanos; entre estos altares, el retablo de San Luis de los Franceses (1640), que sigue perteneciendo a la Armada Francesa; o la Capilla de los Portugueses, hoy reconstruida (1610). Nos mostraron obras de Pedro Roldán. El pintor Eugene Delacroix visitó en 1834 la iglesia.

En la siguiente parada, fue el doctor en historia del arte Lorenzo Alonso de la Sierra, experto en el retablo gaditano del XVIII, quien explicó el proceso de construcción del altar mayor de San Francisco, uno de los mejores de la ciudad, lleno de símbolos y una verdadera obra de arte. A la charla de Alonso de la Sierra siguió la actuación del dúo femenino Stella Maris, acompañado del órgano barroco del templo, con obras del siglo XVIII. Una verdadera delicia para los sentidos.

El templo ha sufrido algunas reformas a lo largo de su historia, consiguiendo mayor verticalidad y elegancia. Las yeserías geométricas que cubren los muros son mudéjares. En esa época Cádiz era una ciudad afrancesada en la moda. Excelente la capilla del Sagrario, así como la capilla de la Santa Veracruz (1566, la más antigua).

A continuación visitamos la amplia sacristía, que cuenta con magnífico ajuar en casullas y dalmáticas, en dónde destaca la imagen de San Diego de Alcalá, obra de Juan Martínez Montañés, una imagen de San Francisco, también de la Escuela Sevillana, unos santos patronos y un Santo Domingo, de bella factura.

Subimos la escalera que conduce a la primera planta, del siglo XVII, con techo de hojarasca. En la galería alta contemplamos un artístico belén, y alguna escultura de origen guatemalteco, del siglo XVIII. Allí también contamos con un guía experto.

La visita finalizó con un refrigerio en el magnífico claustro, que consta de 24 arcos de medio punto. Allí unos figurantes colaboradores representaron la escribanía y el bordado en oro de la época en Cádiz.

Pudimos disfrutar de una cerveza en copa de cristal y unos montaditos calientes, en un improvisado ambigú, disfrutando de un patio privado que es sin duda el más abierto a la sociedad gaditana, pues allí se celebran multitud de eventos solidarios.

Solo me queda comentar que Francisco González Ferrera, el Guardián (nombre del prior franciscano), vino a saludarnos. Y que todos los colaboradores en la Noche Blanca iban vestidos de chaqueta y corbata, a pesar del calor sofocante de esa noche, lo cual es de agradecer.

Un evento lleno de detalles y de exquisitez franciscana, un ejemplo para este tipo de eventos, en el que los voluntarios pertenecientes a las cofradías radicadas en San Francisco dieron lo mejor de sí mismos. 

Un buen trabajo.