Hace días vi el programa de la TVE1 “Doctor Romero”, dedicado a hacer perder peso a personas con grave obesidad. Entiendo que lleva el mismo formato de su homónimo en Canal Sur, “La Báscula”. Aunque se parecen bastante, creo que el programa andaluz tiene la ventaja y el acierto de incorporar en el equipo a un dietista-nutricionista, que, al final, es quien sabe de alimentos, raciones, ritmos y, además, tiene más conocimientos prácticos sobre lo que comemos en la actualidad, y de lo que te venden.

Por otro lado, dejo el enlace a una entrevista de Grupo Joly, al eminente endocrinólogo andaluz Francisco Tinahones, refiriéndose al problema de la obesidad en España, cada vez más preocupante, incluyendo el sobrepeso, que afecta a la mitad de la población. Además, afirma el doctor Tinahones que solo el 20% de los obesos admiten que lo están. Esto ha empeorado en los últimos 20 años, extendiéndose a los niños.

El programa “Doctor Romero” –sin cuestionar la profesionalidad de los expertos que llevan el programa- adolece, en mi opinión, del factor morbo. No creo que sea necesario airear los sentimientos o debilidades de las personas con sobrepeso que participan, sino ir directamente al grano en el proceso de pérdida de kilos: ejercicio, modo de comer y la formación correspondiente.

Curiosamente, la última versión de la pirámide de alimentación saludable,  incluye el factor “equilibrio emocional”, aspecto que todos los dietistas-nutricionistas defienden como vital a la hora de perder peso, pues supone que uno controla sus motivaciones y hábitos a la hora de comprar y cocinar. Pero creo que a nadie le importan las fobias y estado anímico de los participantes en el programa (¿o sí?).

Un dietista-nutricionista es el más formado y actualizado en guiar nuestra alimentación y enseñarnos a comer bien. Todo ello sin perjuicio de las indicaciones de un médico.

Por otro lado, un médico prestigioso como el doctor Tinahones, que tiene altas responsabilidades en hospitales clínicos y en la investigación biomédica, tiene que lidiar con las consecuencias de los malos hábitos alimenticios de la población, como la diabetes tipo 2, que él responsabiliza directamente al aumento de la obesidad. Pero a un especialista como él, o a cualquier médico de atención primaria, le llega un paciente con varias enfermedades para tratar, y para eso, el galeno solo cuenta con la oportuna medicación. Para él son los “marrones” más graves.

Sin compartir la exhibición de morbo en este programa supuestamente de salud, y, valorando la misión de nuestros buenos médicos, solo nos quedan dos cosas: acudir a los dietistas nutricionistas para aprender de sus enseñanzas prácticas, y, lo que nadie dice, APRENDER A COMPRAR Y COCINAR EN CASA, y a DISFRUTAR DE LOS ALIMENTOS SANOS, que no es poco.

¡COCINEMOS Y COMAMOS EN CASA!