Hoy cumpliría 175 años. Pero no llegará la celebración. En 2012 prácticamente acabó junto a sus colegas locales y regionales en el río revuelto que ocasionó la crisis de pescadores financieros. Había nacido la Caja de Ahorros de Sevilla (luego El Monte) un 5 de agosto de 1842, y me alegro de seguir acordándome de ella, aunque ya nadie le llore oficialmente.

Estamos hoy en una realidad financiera totalmente distinta a la que disfrutábamos hace 20 años, con pocas entidades ya en el mercado, todas ellas volcadas en la rentabilidad y en los márgenes útiles de negocio, y uno se pregunta qué utilidad tiene para un determinado público minorista este modelo de banca. Tal vez ninguna.

Los depósitos de pasivo valen poco, nos fríen a comisiones, hemos perdido las ventajas de la atención humana de sus empleados. Esto ya no es lo que era, perdimos nuestra marca. Las Cajas de Ahorros se perdieron y su modo de servicio y atención, pero también su estilo de negocio, que haberlo lo hubo también, no lo olvidemos.

175 años que pudieron haber sido y que no dejaron que fuera, todo esto en poco tiempo. Cuando fue un sector especializado en el pequeño ahorrador, en el trabajador “tieso”, en el cliente cumplidor….y por supuesto en el mercado de la Obra Social, siempre latente en esta sociedad. Todo ello se perdió. Hoy volvemos a las largas colas para consultas y servicios de efectivo, sin la franca relación que nos unía.

Y para nosotros, últimos empleados de una saga especial, el recuerdo de lo mucho bueno que trajeron, ayudaron, financiaron, regularon y equilibraron en el sistema financiero español. Porque estas grandes empresas –no de tamaño, sino de vocación- nos dieron estabilidad, calidad de empleo, apoyo personal, afán de superación y de ilusión, y, sobre todo, una gran dignidad laboral, término hoy en desuso. Eso no deberíamos olvidarlo nunca.

Felices 175 años, Caja de Ahorros de Sevilla, allí donde estés.