Rosario UnoportadaEl eje Plaza de San Francisco-calle Ancha-Plaza de Mina es uno de los más bellos del casco histórico de Cádiz. Por suerte, poco a poco se están rehabilitando las casas del siglo XVIII y XIX, convirtiéndose en hoteles con encanto y apartamentos turísticos. Todo ello con respetuosas rehabilitaciones (al menos lo parece), que recuperan el esplendor de las viviendas de otro tiempo, adaptándose con categoría al presente.

Así ha ocurrido en la finca de calle Rosario,1, que junto al portal de viviendas, cuenta con dos entradas a esta misma vía y a calle San Pedro. Con buen  gusto se ha convertido en un local de restauración de amplio horario: desayunos, almuerzos y cenas ofrecen servicio permanente de gastronomía, en una zona de especial personalidad y trasiego.

Una barra pegada a la pared ofrece pequeños espacios para el inicio del tapeo en pareja, junto a mesas para la comida informal y en otra sala el comedor reservado. La decoración es elegante, sobre la base de las paredes y bóvedas recuperadas de piedra ostionera y el ruido queda neutralizado por la suave música. El suelo ha recuperado las piedras de Tarifa, que recuerdan que tal vez en aquella planta baja se situó el almacén de la casa de un comerciante de Indias.

Rosario Uno cocinaCasi saliendo a la calle San Pedro se sitúa la cocina, un habitáculo cerrado con cristales, en el que se manejan un completo equipo de cocina. De él ya conocemos a Juan José Sánchez Marabot, que abrió los fogones del famoso Sopranis y que representa la innovación. Y Julio Rodríguez, experto en la mejor cocina tradicional gaditana, en base a su curriculum dentro y fuera de Cádiz. El equipo se completa con tres personas más, para ofrecer una completa carta de calidad y personalidad, cuya elaboración se contempla desde la barra.

Solo contar que hemos hecho allí una iniciación en las tapas, sin poder ampliar por el tiempo disponible con otros platos incluidos, porque además estaba todo prácticamente reservado.

Rosario uno mosaicoLa muestra elegida por nosotros fue la misma que en otros gastrobares: ensaladilla y croquetas. La primera tenía buena presencia y textura, una original preparación digna de buena cocina, y las croquetas –de quinoa y humus- realmente exquisitas. Cerraron nuestra comanda sendos platos de gazpacho de remolacha, magníficos, para mí y como sopa fría, el mejor entrante.

Finalizó la muestra con una curiosidad: barriga de atún con verduras. El túnido exquisito (rojo, de almadraba), y las verduras, hechas a la parrilla en un horno Josper (horno-brasa) que daba a las hortalizas un punto increíble.

En resumen, además de disfrutar con el ambiente de Rosario Uno, hay que decir que su cocina -a tenor de la muestra- es de alto nivel por el producto, moderna e imaginativa.

Apenas tres meses lleva funcionando Rosario Uno, y está claro que ofrece lo que el lugar necesita. Su cocina no es estándar de carta, tiene algo más. Por cierto, la cerveza llega a través del tubo instalado sobre la barra a modo de pequeña fábrica, dándole suavidad y ligereza. Nos queda degustar allí una comida más formal, probando sus platos veganos y vegetarianos; además de los de carne y pescado. La carta de vinos incluye varios interesantes de la Tierra de Cádiz.

Rosario Uno, junto a otros abiertos en Cádiz capital, puede incluirse de momento en la lista de recomendables. Creo que el equipo de cocina lo consigue.