La Tía Norica vivió en La Camorra

IMG_3007Y última ponencia del seminario de la Universidad de Cádiz dedicado a la “Manzana Arbolí-Plaza de las Flores”, para demostrar el gran significado cultural del espacio gaditano. Desirée Ortega defendió la conferencia “Los Títeres de la Tía Norica de Cádiz: una tradición teatral a través de los siglos”.

Ortega es licenciada en Filosofía y Letras y máster en Archivos y Gestión Documental por la UCA. Experta en Enseñanza E/LE, profesora de inglés de la Escuela de Hostelería de Cádiz, investigadora y autora teatral y doctora con su tesis sobre La Tía Norica de Cádiz. Es además gestora cultural y crítica de artes escénicas, actriz, cantante y directora escénica, entre otras facetas. En la Universidad, habló de la estancia de la compañía de Títeres de la Tía Norica en el espacio de La Casa de la Camorra.

Desirée Ortega comenzó indicando que estos títeres gaditanos son un fenómeno teatral desde 1815, a través de dos grandes épocas o etapas: por un lado con familias gestionando la compañía que pasa de generación en generación y varias copias del espectáculo circulando, con un repertorio en torno a dos obras principales: los Autos de Navidad y el Sainete. El Ministerio de Cultura compra en 1978 el conjunto de títeres y decorados a su último propietario, Joaquín Rivas, que fueron depositados en el Museo de Cádiz. Luego, con el impulso del Ayuntamiento de Cádiz, a partir de 1984, comienza la segunda época de la compañía que recibió la  Medalla al Mérito de las Bellas Artes en el año 2000. Los títeres creados para esta labor de recuperación serán trasladados en el futuro al Museo del Títere situado en las Puertas de Tierra.

Los títeres son un género portentoso y de gran diversidad escénica donde se emplean distintos materiales para puestas en escena de carácter muy estético. Encontramos también muchas técnicas que se reflejan en sus distintas denominaciones: guiñol o cristobitas, marionetas, autómatas, etc.

(Un buen ejemplo de títeres manejados por hilos o marionetas son los del gaditano Francisco Peralta, en el museo que lleva su nombre en Segovia. Su obra se puede conocer a través de una exposición fotográfica en el Museo del Títere de Cádiz). Los argumentos representados pueden ser políticos, infantiles, pero también eróticos, con visibilidad o no de los actores manipuladores. También se pueden encontrar diferentes tamaños de muñecos, incluso de grandes dimensiones, herederos de las tradiciones populares de gigantes y cabezudos o tarascas. Federico García Lorca también los trata, con el personaje de D. Cristóbal.

Así, podemos encontar difentes líneas o direcciones en torno al títere:

– Su uso en el culto religioso, para representación ilustrativa.

– Su sentido filosófico-sagrado, pues muestran que el hombre es la primera marioneta.

– Tratan el mito del “Golem”, o sea, la creación de otro ser.

– Relación con la historia de la robótica y la escultura animada.

– Carácter reivindicativo, como los espectáculos del Bread and Puppet Theatre de Nueva York.

– Con personajes u objetos en escena: teatro objetual.

Muchos espectáculos de títeres tienen sus raíces en los espectáculos medievales. Por ejemplo, la figura del Punch que tiene su origen en los diablos que aparecían en las representacione de misterios religiosos. Dio lugar a un personaje que tiene nombres diferentes en todos los países europeos y que representa la parte oscura de los seres humanos. A pesar de ser un espectáculo muy violento, pues Punch agrede a todos, se daban funciones para todos los públicos. La literatura también es fuente para la investigación de títeres. Por ejemplo, aparecen en “El Quijote” y también en la exitosa obra  del gaditano José Sanz, “El Tío Caniyitas o el Mundo Nuevo de Cádiz”.

Tía NoricaCon relación a La Tía Norica y la manzana Arbolí y Plaza de las Flores, hay que empezar hablando del nombre de la calle donde estuvo la casa de la Camorra. Arbolí fue un obispo de Cádiz, que era muy aficionado a las respresentaciones de La Tía Norica, según explica León Domínguez, autor teatral y sacerdote. Este publicó en 1893 en “Diario de Cádiz” una extensa descripción sobre La Tía Norica. En ella se señala a la familia Montenegro como creadora del espectáculo, que llevaba a cabo sus representaciones durante la Feria del Frío que se celebraba en Cádiz desde el siglo XVIII en la plaza Fragela. A  principios del XIX se instaló en el Derribo de los Descalzos, hoy plaza de las Flores, aunque La Tía Norica tenía su propio teatro en la calle Compañía, perpendicular a Arbolí, desde 1815.

Durante mucho tiempo se creyó que los Montengro eran genoveses por la numerosa colonia que había en Cádiz. Sin embargo, un permiso de representación de 1866  por parte de Dolores Jalpón, viuda de Montenegro, localizado por Désirée Ortega en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz, permitió elaborar el árbol genealógico completo. Así, se puedo descubrir que la familia Montenegro  llegó desde Málaga a la provincia de Cádiz a principios del siglo XVIII. Se instalaron primero en Jerez de la Frontera, donde nació Francisco Montenegro. Este llegó a Cádiz en 1754, donde había en ese momento una gran desarrollo de las artesanías. Se unió a la Hermandad de Carpinteros de lo Blanco, ubicada en el convento de La Candelaria, hoy desaparecido, en la plaza del mismo nombre, muy cercana a la Casa de la Camorra. Su hijo, Pedro Montenegro, era también carpintero y fue el creador de La Tía Norica.

Los Montenegro vivían en la calle Compañía num. 10 (luego num. 14), en la misma casa donde estaba ubicado el teatro aunque no eran propietarios de la finca, aunque sí del negocio de los títeres. El teatro tuvo varios nombres: Teatro de la Calle Compañía, Teatro Pintoresco, Teatro de Isabel II y Teatro de la Libertad y aunque Pedro Montenegro murió en 1857, funcionó hasta 1870, año en que se derriba la finca. Además otras compañías de la Feria del Frío imitaban el espectáculo y recientemente se ha descubierto que durane el XIX se hacían funciones de La Tía Norica en otras poblaciones, como Sevilla o Madrid.

Los descendientes de Montenegro siguieron representando por diversos locales de la Feria del Frío. Pero siempre dentro del mismo barrio, próximos a la manzana Arbolí-Las Flores, como en la calle Santo Cristo o Explanada de los Descalzos, compitiendo con otras compañías que también ofertaban el mismo espectáculo. Es tal la fama de La Tía Norica, que aparece citada en la prensa nacional desde finales del XIX.

A principios del siglo XX, Chaves, tenor y escenógrafo, organiza representaciones de La Tía Norica en Los Descalzos, hoy Plaza Topete o de Las Flores, en el Salón Chaves de Recreo de la Infancia, donde también hace intervenir al personaje de D. Cristóbal, versión española de Punch. Posteriormente construye su propia barraca itinerante con las maderas de la plaza de toros del Campo del Sur y se instala en la calle Alcalá Galiano, aprovechando la cuesta para las actuaciones. La hija de Chaves, que también participaba en la compañía, era actriz y pianista. Trabajó en la compañía Sagi-Barba con su marido Manuel Martínez Couto que se hace cargo de la compañía tras la muerte de Chaves en 1919. Couto además llevó a La Tía Norica de gira por diversas poblaciones. Pero el cine le hace competencia en la segunda mitad del siglo XX, antes de su entrada en el espacio de la calle Arbolí, aunque las reperesentaciones continuaron incluso durante la guerra civil y la posguerra.

En 1947, tras la muerte de Couto, hubo interés por adquirir la compañía de títeres fuera de Cádiz. Pero, finalmente, pasa a manos de Joaquín Rivas, trabajador de Astilleros de Matagorda y miembro de la compañía de Couto. Entonces la Feria del Frío se traslada al Mentidero. El crítico Francisco Padín da la idea, en uno de sus artículos de prensa, de llevarla al teatro del colegio Jaime Balmes que se había instalado en el edificio que fue Casa de la Camorra en calle Arbolí. Allí tuvieron lugar las representaciones desde 1952 a 1962, donde actuaba Rosario Núñez del Río y varios de sus parientes junto con los Bablé, vinculadas ambas familias a La Tía Norica desde la epoca de Chaves.

En 1955, además, se organiza una función de títeres de Francisco Porras, el titiritero del Retiro de Madrid. Es importante también como investigador, escribió e investigó sobre La Tía Norica al igual que sobre los títeres de Falla y García Lorca.

En 1962, se produce un derribo del vestíbulo del Jaime Balmes y ya acaban las representaciones, pues era caro el mantenimiento. En 1973 se logra entrevistar a Rosario Núñez en “Diario de Cádiz”, y Carlos Aladro, investigador de títeres, llega a la ciudad e impulsa el rescate de la Tía Norica

Aladro recoge el testimonio de los miembros de la compañía y organiza una representación  para la cual se aprovecha el espacio de Txacoli, marioneta de Talío, en 1974. Gracias a Carlos Aladro tiene lugar la compra por parte del Ministerio.

En 1982 los títeres participan en una Exposición en II Feria Internacional del Títere de Sevilla. Gracias a una exhibición que llevan a cabo los antiguos titiriteros, surge la idea de recuperar la compañía en 1984 con réplicas de los que están en el Museo.

Los Títeres de la Tía Norica son patrimonio literario, industrial, artesano, inmaterial y escénico-teatral. Algunos guiones se han improvisado también. Tienen relación con las representaciones medievales –que mezclan lo sagrado y profano-. El vestuario y otros elementos de la puesta en escena también han cambiado a lo largo del tiempo. En las obras, el decorado del escenario copia la realidad, se vea o no el manipulador. Su repertorio no se ha limitado a los autos navideños o el sainete de la Tía Norica, sino que se ha compuesto de obras de todo género desde el siglo XIX.