El valor de nuestros mercados

El valor de nuestros mercadosEl periódico La Voz de Cádiz ha publicado recientemente una noticia sobre la próxima actualización y mejora de imagen que tendrá lugar en los dos mercados de abastos de la capital gaditana; será a través de la Asociación de detallistas (ASODEMER). Está claro que los mercados de Cádiz y los mercados en general, necesitan un empujón comercial para adaptarse a los tiempos. Aquí me voy a referir al mercado central, que es el que mejor conozco como clienta habitual. Supongo que algunas ideas se podrían hacer extensibles también al mercado del Rosario.

A principios del mes de diciembre pasado, y con ocasión del Día del Patrimonio en Cádiz, la Asociación ADIP organizó unas rutas culturales por la ciudad, incluyendo casas palacio, iglesias y otros monumentos históricos. A mí me propusieron guiar una ruta por nuestro mercado central, su historia, su pasado y su presente, construido en 1830, que además de estar aún en activo, está declarado Bien de Interés Cultural.

A la convocatoria para recorrer el llamado mercado central, acudieron pocas personas, y eso que la gastronomía está de moda, pero sabíamos de la dificultad que supone hablar con los detallistas cuando están en plena jornada delante del público y en vísperas de festivos. Pero la ruta se realizó.

El paseo incluía pescado en general y el admirado atún, con sus variedades, orígenes, temporadas y calidades. También las frutas con su estacionalidad, las verduras y las setas, el pescado procesado en sushi, la carne ibérica o retinta de la provincia, y las elaboraciones tradicionales como los chicharrones, sin olvidar los productos típicos de la sierra de Cádiz, ni las especias del puesto del exterior del mercado, a cargo de Silvia.

Es decir, que nuestros mercados tienen de todo. Con sus productos podemos cocinar y alimentarnos de un modo excelente y con la mejor relación calidad/precio, me consta.

El valor de nuestros mercados2Efectivamente, costó trabajo interactuar con los vendedores, dado que era un buen día de ventas, pero lo intentamos y así supimos muchas más cosas sobre lo que se vende en el mercado de abastos.

Y sobre esto quería hacer algunas puntualizaciones:

-Las personas que participaron en la ruta conocían poco los productos expuestos, e ignoraban muchos datos sobre las variedades y orígenes de alimentos que se comercializaban habitualmente. De hecho, yo también aprendí en aquel recorrido.

-Salvo algunas excepciones, la mayoría de los detallistas del mercado se declaran pesimistas ante la situación de sus ventas. Pero también es cierto que algo más podrían hacer para publicitar su negocio e informar al cliente (tarjetas de visita, presencia en redes sociales, etc), y, por supuesto, admitir el pago con tarjeta de crédito, algo fundamental hoy día, como lo es contar con una máquina de envasado al vacío.

-Hay una serie de puestos muy bien organizados, que tienen muy claro su orientación comercial, su nivel de calidad y su gestión. Son los mejores y tienen éxito en su negocio. Por otro lado, todos los puestos tienen una impecable presentación en cuanto a limpieza e higiene, según las normas vigentes.

-Además, creo que sería necesario practicar la entrega a domicilio y recibir pedidos telefónicos –hay quien lo hace- , para dar más facilidades a los clientes. ¿Y qué tal un microbús para llevar y traer al público al mercado de abastos?.

-Los detallistas suelen dar poca información sobre la calidad y variedad de sus productos, lo que no ayuda en el marketing general.

-El mercado de abastos –creo- adolece de escasa señalización interior y de una decoración artística que alegre los puestos. Muy bien por los murales de su fachada.

-En cuanto al rincón gastronómico, creo que son bastante incómodos como para facilitar el tapeo o degustación. Parece ser que que no se respetan las normas sobre especialización de productos, es decir, que todos venden de todo.

-El mercado debería tener otros usos culturales o lúdicos fuera del horario comercial: conciertos, catas, tertulias, conferencias, talleres, etc., eventos que le aportarían un gran valor añadido sin duda como edificio con solera. Para mí es un escenario único.

Por otro lado, quisiera hablar de los mensajes positivos que podrían influir en la decisión de comprar en el mercado de abastos:

-Los productos frescos son siempre los mejores en variedad, calidad, cercanía, precios, y estacionalidad. Se vende más a granel, minimizando el impacto de los envases y por tanto residuos. Y los tiene el mercado.

-No olvidemos que los márgenes económicos son menores. Un puesto del mercado paga un alquiler mínimo, lo que evita encarecer sus productos, y puede ofrecer la mejor calidad/precio. Sus cifras están en función del menor coste de su estructura, no de la asfixia a los proveedores ni de la especulación.

-Los centros comerciales ajustan sus precios a veces presionando a los proveedores en base a sus pedidos, independientemente de sus orígenes tal vez lejanos. En los mercados el producto es el protagonista, no la marca.

-Los mercados son una herramienta de transmisión cultural: los productos continúan llamándose igual, con los mismos nombres que utilizaban nuestros abuelos y padres. Es un modo de apreciar e identificar mercancías que han sido y siguen siendo de esta tierra.

-El formato de mercado se puede adaptar perfectamente a los tiempos, es cuestión de ponerse a ello y dar el servicio adecuado, complaciendo al cliente.

-Y, lo más importante, contribuyen a crear un vínculo de amistad entre detallistas y cliente, que es importantísimo en el trato comercial.

-A mí personalmente, me gustaría que el mercado fuera un agente activo de transmisión de hábitos saludables en la alimentación: campañas de buenos productos, información sobre elaboración de platos, consejos de cocina, etc. Este papel conseguiría atraer a un sector de la clientela que demanda alimentos más limpios y sostenibles para su dieta.

Y, echo de menos, un pequeño puesto informativo, un mínimo “centro de interpretación del mercado”, algo que recuerde lo que representa el mercado y la importancia que tiene en la calidad de nuestra alimentación, pero sobre todo, que facilite a todo visitante, comprador o turista datos sobre qué se vende, cómo es y quién lo vende. El cliente necesita información.

Todo ello sin perjuicio de su nueva versión “gastronómica” con puestos de degustación, que también forman parte de la oferta comercial y del atractivo del mercado.

Creo que habrá que replantearse todo esto. Ayuntamiento de Cádiz y más directamente Asodemer trabajan por el éxito comercial de las plazas. Pero aquí todos tienen responsabilidad: autoridades, detallistas y clientes; los detallistas tienen incluso más peso en la defensa y sostenimiento de este viejo -que no antiguo- formato de compra de los alimentos básicos y tradicionales, que va camino de cumplir sus primeros 200 años de vida, y que debería ser referencia de una ciudad y una sociedad moderna.

Se trataría de expresar correctamente el valor que tienen los mercados.