Nuevo grupo de talleres de cocinaA mediados de este mes de marzo hemos comenzado un nuevo ciclo de talleres de cocina, que van por su sexto año, (el segundo en 2017), organizado en esta ocasión por nuestra Asociación Comeencasa, a punto de cumplir su primer año de vida. Han sido 10 las personas inscritas en estos modestos cursos de formación, que provienen de países como Bolivia, Venezuela, El Salvador, Gambia, Ucrania, Nicaragua y Honduras.

Ya he contado en más de una ocasión que somos una asociación sin ánimo de lucro, que se dedica a enseñar a cocinar a personas extranjeras, para que puedan colocarse en el servicio doméstico y manejarse en una cocina española; pero también intentamos crear una cierta inquietud por valorar la comida, su trato con ella y adquirir ciertos mínimos conocimientos de gastronomía.

Se trata de una labor de voluntariado puro y duro, alrededor del mundo de la cocina, la gastronomía y la necesidad de alimentarse de un modo sano, que no es poco, a través de nuestros conocimientos tomados de los expertos.

Es una actividad muy motivadora, emocionante a veces, pero como cualquier trabajo, tiene sus momentos altos y bajos. Ser voluntario es un trabajo duro, y no siempre compensa el esfuerzo realizado. Hay días tristes, de cansancio, de presión, incluso de incomprensión, a cambio del trabajo entregado. Ocurre igual que en el mundo laboral, dónde se hace lo que se puede y se recibe lo que quieren los demás. La satisfacción la pone uno mismo.

¿Por qué nos metemos en esto? Muy sencillo. Porque creemos que es necesario, que a los alumnos les puede servir y mucho, y porque nos vemos en la obligación de enseñar, de transmitir y de comunicar, creando adicción alrededor de la cocina. Y punto.

Ser voluntario es trabajar un poco solo, aunque somos un equipo de cinco personas, probando y comprobando los resultados, cuestionandote a veces si lo haces bien del todo, o si no estás en el camino correcto. De hecho, no paras de aprender y de reciclar tu propia experiencia.

Casi seis años hace que estamos en este lío, y unas 200 personas han pasado por nuestros talleres, de diferentes partes de Sudamérica, Europa e incluso África. Nuestra mayor inquietud es acercarnos a ellas, intentar entenderles y llegar a su propio mundo, que no es el nuestro ni mucho menos, porque llegan obligados por una vida difícil allá en sus países, con problemas muy gordos, y con la necesidad de ganar dinero, enviarlo a sus familias y pagar alguna deuda; por supuesto, buscan conseguir sus papeles o permiso de trabajo. En fin, un reto al que se enfrentan con mucho valor.

Se emplearán de modo legal o ilegal como cuidadores de personas mayores, en tareas de limpieza en hogares o bien atendiendo a los niños de una familia. Sus trabajos siempre serán duros, y a veces ni siquiera disfrutarán de un descanso semanal.

Aquí, en España, no es oro todo lo que reluce, pero sin duda es menos malo que aquello. Buscan una vida mejor y más segura. Habrá que ponerse en su lugar.