¿Natural?. ¿Casero? ¿Artesano? ¿Tradicional?

img033Son calificaciones que están de moda. Una gran parte de los consumidores está preocupada, incluso obsesionada por comer sano, y desea prescindir de aditivos, espesantes o colorantes; y, claro, esta inquietud es aprovechada por la publicidad para incluir mensajes en las etiquetas de los productos alimenticios y aumentar sus ventas. Bajo el titular “Menos cuentos, Caperucita”, la revista OCU-Compra Maestra de marzo trata el uso y abuso de estas menciones por la industria alimentaria, confundiendo obviamente al comprador, sin que la Administración intervenga de un modo tajante.

Resulta que los envases incluyen declaraciones de elaboración artesana o tradicional, o de productos que van directos del campo a casa, buscando atraer al consumidor que se lo cree todo, porque no se pone a investigar ni a leer la etiqueta con lupa (por el pequeño tamaño), para informarse de la auténtica composición de estos alimentos. Realmente comprar en los supermercados es entrar en una jungla de información-desinformación.

La revista OCU se refiere a productos como por ejemplo los caldos envasados en tetrabrik (de caseros nada, incluyen ingredientes atípicos), o el tomate frito, las salsas de sofrito de tomate o los pistos (con almidón de maíz como espesante); o también los preparados en polvo para elaborar cuajadas o natillas “caseras”, de nuevo con almidón de maíz. Emplean sustancias que nunca utilizaríamos en nuestras cocinas, luego no son lo mismo.

El reportaje subraya que es necesario “armonizar, definir y regular” en España y Europa para evitar el mal uso que se está haciendo en la industria alimentaria de ciertos términos. Y eso que la ley afirma que lo puesto en el envase no debe llevar a error al consumidor…. Solo en Italia, en unas patatas fritas que presumían de “artesanas”, un juez multó a varios fabricantes con más de un millón de euros.

Por no hablar del pan, calificado en muchas ocasiones como artesano o recién hecho, cuando en realidad lo único que se hace es hornearlo previamente a su venta, porque la masa es precocinada, con un montón de componentes y acelerantes.

Por resumir:

-No deberían incluir los términos “naturales, caseros, artesanos o tradicionales”, cuando luego los ingredientes declarados en la etiqueta (según ley) desmienten estas calificaciones. Están confundiendo al comprador.

-Los productos procesados son lo que son, y salvo valiosas excepciones necesitan incluir espesantes, aditivos, emulgentes, etc., para conseguir un aspecto o textura interesante.

-Productos como caldos caseros o tomates fritos son fáciles de elaborar en casa, y además pueden ser divididos y congelados en las mejores condiciones.

-Y como no todos son iguales, OCU señala una serie de sellos que certifican los alimentos artesanos o tradicionales, como ocurre con nuestras tortas de aceite Inés Rosales, los turrones auténticos de Alicante (con IGP), y una serie de alimentos artesanales de verdad, detallados para cada comunidad autónoma.

-Lo dicho: para comprar alimentos sin aditivos industriales, por muy básicos que sean, a veces hay que acudir a tiendas gourmet. El añadir ciertas sustancias en el procesado de productos alimenticios abarata claramente el coste final, no lo olvidemos.

Nada como comprar productos frescos, que veamos en su estado inicial. Y nada como cocinar en casa -a pesar del trabajo que supone- para ganar salud y obtener además el mejor sabor.