Un café con la Tía Norica

Un café con la Tía Norica1Es la tercera vez que escucho a Desirée Ortega hablar del objeto de su interesante estudio (y siempre aprendo algo nuevo): los títeres de La Tía Norica. La primera vez fue en la defensa de su tesis doctoral frente al tribunal preceptivo, en la Universidad de Sevilla; luego, en una conferencia organizada por la Asociación Cádiz Ilustrada; y por último, el pasado viernes día 3, en la Tertulia Café Cultural, de la mano de Miguel García Díaz, y bajo el título concreto de “Sainete de la Tía Norica“. También sé que organizó una ruta callejera por los lugares de estos títeres gaditanos, pero ahí no pude estar.

Desirée Ortega es uno de los personajes femeninos adorables y archivables de Cádiz: licenciada en Filosofía y Letras (1990); doctora en Artes Escénicas (2016); investigadora, articulista, crítica teatral, actriz, profesora de inglés, cantante, chirigotera….en fin, mujer multidisplicinar de la cultura y el valioso arte de la comunicación.

Desirée partió en su exposición de los desaparecidos teatros en Cádiz, ciudad de gran tradición escénica, por la que pasaban todas las grandes compañías de teatro para embarcarse hacia América, tanto a la ida como a la vuelta. Y sobre el teatro de Títeres de la Tía Norica ha hablado en lugares como Estados Unidos, y en España, en Málaga, Alicante o San Sebastián. Mucho ha escrito sobre el fenómeno de la Tía Norica.

Desirée participa activamente en el Festival Iberoamericano de Teatro, que este año cumplirá sus primeros 30 años de vida; un punto de encuentro entre las dos orillas, con dos diferentes realidades, lo que le confiere un especial significado.

Y relató cómo surgió el tema de su tesis, recordando que conoció a Rosario Núñez, mujer vecina de la calle Plocia de Cádiz, que durante muchos años fue la voz de la Tía Norica,Un café con la Tía Norica2 títeres que vuelven en el año 74 al gaditano Paseo de Canalejas. Posteriormente Carlos Aladro investiga y localiza a los titiriteros y consigue una representación, en el teatro de Chacolí.

Recordó los antecedentes de estos muñecos, como el Punch o Polichinela, que vienen a ser diablos medievales deformes, y que representan lo peor de la humanidad, pero también la rebeldía. Apuntó que la compañía de Chacolí era obra de Talio (Natalio), padre del productor y ventrílocuo José Luis Moreno. Los títeres de la Tía Norica tenían gran personalidad. A partir de 1984, cuando los Bablé recuperan esta compañía, ella fue siguiendo sus espectáculos y las críticas teatrales.

Desirée empezó con becas de investigación de la Fundación Municipal de Cultura de Cádiz, y tras contactar con José Bablé, se dedica al estudio de la Tía Norica. Su tesis está aún pendiente de publicar.

Indica que sobre la Tía Norica han escrito muchas personas (incluso sin refrendar ni contextualizar). En su investigación ha consultado también los archivos eclesiásticos, para desarrollar líneas de estudio a través de las personas que movían los títeres (sobre todo en los expedientes matrimoniales). Y allí rastreó a la familia Montenegro, a la que se ha podido remontar hasta principios del XVIII, con la figura de un carpintero originario de Antequera (Málaga) que recala en Jerez. Luego la familia se traslada a Cádiz, donde nace Pedro Montenegro, quien abre el teatro de La Tía Norica en 1815. En el archivo de San Lorenzo, encontró datos en los registros de sacramentos que funcionaban como censos de población.

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El antiguo teatro Principal (hoy el Centro de la Mujer) se derriba y las murallas también. Recordemos que ya en la época romana, Cádiz contaba con teatro y anfiteatro. En el siglo XVI existió un corral de comedias en el mismo sitio del Teatro Principal, del que se beneficiaba la Hermandad de la Misericordia), muy normal en ciudades con puerto de mar.

Durante la Cuaresma se prohíben las representaciones por actores, que son sustituidos por títeres. Y en las ferias de navidad, a mediados del siglo XVIII, existió en Plaza Fragela el Teatro del Balón, con comerciantes locales y forasteros, y muchas mujeres artesanas con su propia tienda y quiosco.

En 1815 se abre un teatro en el número 14 actual de la calle Compañía, según descripción del escritor Rosety, que dura 64 años; allí vivía la Familia Montenegro. Tenía 365 localidades, según el informe de teatros de la época de Isabel II. Lo describió Francisco Flores Arenas, periodista, médico y autor teatral, editor de El Globo. Se llamó Teatro Isabel II. Flores Arenas escribió también sobre el fenómeno de los teatros caseros. Los bandos de teatro de aquella época dan cuenta de la costumbre del público de hablar con los actores durante la función, que hubo que prohibir.

En Cádiz se iba mucho al teatro. De hecho el flamenco se forja en teatros menores, en cualquier sitio, y con espectáculos de variedades. Había teatro en tertulias, recitales, etc., y el precio era adaptado al público, sin diferencia con teatro de actores humanos. Un periódico costaba entonces el jornal de un obrero. En 1812 el Teatro del Balón era la zona más segura durante la guerra.

Batillo (el coprotagonista de los títeres), salió de gira por la provincia y en distintos puntos de España, con otras compañías de “Noricas”, ya que las ideas se copiaban. Se habla de una compañía que actuaba en Madrid en 1840, pero no era de Cádiz.

El títere gaditano, de percha, tenía mayor movilidad y más firmeza. Es un títere enérgico. Con la peana se manejaba el mecanismo. León y Domínguez, canónigo y autor de teatro, recoge parte del Sainete de la Tía Norica del siglo XIX.

Luis Eximeno Chaves (de El Puerto de Santa María) organizó espectáculos de teatro y zarzuela y decide imitar a la Tía Norica y lo hace mejor, y en la prensa se comparan ambos espectáculos. Chaves le da espectacularidad porque era escenógrafo e introduce la luz eléctrica en el escenario, antes luz natural o de vela.

Llega las familias Bablé y Rivas, con actores aficionados y relacionados con el carnaval, y los títeres se representan en la calle Arbolí.  Joaquín Rivas vende los muñecos de Chaves.

Ya en la Transición, gracias a las investigaciones de Carlos Aladro, el Ministerio de Cultura compra los títeres originales. Desde los años 1982-84, por iniciativa de la Junta y el Ayuntamiento de Cádiz se recupera la Compañía actual, tal como hoy la conocemos, realizando reproducciones de los títeres originales del Museo.

Tras la investigación de Desirée Ortega conocemos la historia de una compañía de títeres que fueron y son un fenómeno único en el mundo, made en Cádiz, a modo de marca y referencia gaditana.