Pertenezco –a mucha honra y con modestia- a una especie de grupo u “observatorio” de la cocina y gastronomía gaditana que raya en el compromiso. No en vano D. Pepe Monforte, periodista gastronómico enseñó el camino de la unidad de destino provincial. Por ello, Cádiz está creciendo adecuadamente en la doble vertiente de gastronomía y comunicación. Ambas cosas se necesitan una a la otra.

Pero en este 8 de marzo, quiero escribir sobre el papel que en este fenómeno culinario han desarrollado y desarrollan muchas mujeres gaditanas. Cocineras, comunicadoras, trabajadoras del sector en general, son igualmente responsables de que los nacidos o asimilados a esta provincia amemos nuestra cocina, nuestros vinos y nuestros avances en investigación, hostelería, técnicas y comunicación gastronómica.

Empecemos por la cocina: mujeres que han cocinado en pequeños habitáculos de ventas, que han elevado la categoría de humildes guisos, estofados, arroces, aliños, etc., sin decaer un solo día. Mujeres que al tiempo de atender cocina y compra han criado a sus hijos y han llevado sus casas (lavadoras, plancha, limpieza…). Mujeres que han hecho grande nuestra cocina. Un homenaje para Petri Benítez, que es un ejemplo más. Y un abrazo para todas las demás, como Ana Rivera que cocina en el Quilla, para Lole Hedrera, de Sopranis, joven promesa gaditana, y para Regla Ruiz, mentora de la salicornia en Salinas San Vicente. No olvido a Araceli Palacios.

Sigamos por las trabajadoras del servicio de hostelería: empresarias, jefas de sala, camareras, “taberneras de lujo”, en cafeterías, ventas, restaurantes, bares, etc., que siempre ofrecen sonrisa, la mejor atención y amabilidad profesional. Ellas están aportando mucho a esta provincia. Un abrazo para Lara y Sonia de Sopranis, a María José y Andrea de La Sorpresa por su caché, a Paqui de Código de Barra por su buen estar, a Carmen Adán de La Candela, ejemplo de buena gestión, al equipo femenino del premiado bar Arturo de Jerez, a Tamara Cansino (la fuerza de Valvatida), a Paula (exquisitez de Foodie Cádiz) y no me olvido de Eva, musa del Bar Nono ni de Maribel Téllez, soñadora de Quilla. Y recién incorporada, Ángela Ruiz como maitre de A Plomo.

Continuemos por las comunicadoras. Blogueras y divulgadoras de nuestra cocina y nuestros alimentos. Las señoras del Grupo El Almirez, chapó siempre, Pilar Acuaviva del blog Tubal (pionera), María Luisa Ucero (cronista de la cocina provincial gaditana), Lola López (cocinera en casa y bloguera en la red), Pilar Ruiz (amable bloguera roteña), Lourdes Rosano (bloguera y empresaria de huertos decentes), Chela (tartas de lujo), las hermanas Ibáñez (comunicadoras profesionales del gourmet gaditano) e Irene López, que apoya desde dentro a nuestros mercados…. , y Vickly Miller, activista del sherry, y Antonia Moreno, recetas de Puerto Real….Y María Isabel González, del Blog Gadissa. No sé si me olvido de alguien, pero que se incluya.

Hay que contar con las vendedoras, que comercializan lo mejor: Ana Gavira (Al-Andalus, en su tienda de Extramuros), María José (mimadora de verduras del Mercado), Ana Gallán (frutas gourmet del mercado, jubilada), Josefina Armenta (gran sumiller de nuestros vinos), Fátima Pérez (en el proyecto de Bodegas Luis Pérez), Rocío Ruiz (los VORS de Urium) y Reyes Gómez Rubio (pasión en Sánchez Romate), grandes comunicadoras de vinos. Con Silvia Muñoz, sabia de las especias, Patricia de La Piñonera, cerveza de Puerto Real y Sandra Lameiro (dulce y cosmopolita cervecera).

Y en el mundo de la innovación, las jóvenes que empezaron con la firma Suralgae, hoy Suralgas –Consuelo, Raquel y Mónica- (hoy solo la primera): ellas trajeron la cocina sostenible. Pero aquí también hay que hablar de las queseras artesanas de la provincia, como Charo Oliva, hacedoras de delicias y de Isabel María Pérez, cofundadora de Cantizano Salsas en Paterna. En Chiclana Antonia Butrón y su hijas Carmen y Lourdes dignificaron el mundo de la empanada. Y Mar Varela, artista del fondant.

Y en el mundo de la salud nutricional citar a Ildefonsa Sánchez Caro.

Como maestras de su oficio, no puedo olvidar a Pepi Martínez, chocolatera de autora en Barbate. Y unas mujeres ocultas, las monjas de clausura (sí, también ellas), que en los monasterios de la provincia siguen elaborando dulces con recetas antiguas.  Con ellas, se siguen conservando sabores y tradiciones.

Todas, en su día, contribuyen de una manera o de otra, a elevar la cocina y la gastronomía gaditana. Jóvenes, mayores, mediáticas o desconocidas, todas son un ejemplo de lucha personal y laboral a través del conocimiento y el trabajo bien aplicados. Mucho les debemos.

Como también deberíamos agradecer a nuestras madres y abuelas por lo mucho y bien que han cocinado para nosotros durante tantos años. Gracias a ellas tenemos lo que tenemos hoy. Impagable su servicio.

Y un recuerdo a Manuela, mujer de Pepe Monforte, que nos dejó el año pasado y que también apoyó este mundo gaditano con ilusión y entrega, junto a su marido.

A todas ellas y a las que no he citado porque tal vez no conozca, mi homenaje en el 8 de marzo.