Escuela de cocina maternaUn perol de pisto y una olla de garbanzos convenientemente distribuidos. El primero se podrá conservar toda la semana en refrigeración, sirviendo para acompañar carnes, pescados o huevos, con un simple calentón en el microondas. En cuanto a los garbanzos (léase potaje), se han repartido en recipientes individuales para su posterior congelación. Ambas preparaciones son el resultado de un taller de cocina de madre para hijo, con novia incluida.

Fue en una tarde libre, en mi casa, con todos los preparativos incluidos como en cualquier elaboración: cacharros e ingredientes. Se trataba de ver las partes de cada receta, su estructura. En primer lugar, los alumnos tuvieron que cortar las hortalizas.

Se empezó por los garbanzos, que salían del remojo de la noche anterior y se escurrieron. Pusimos agua a calentar en la olla y –ya con un poco de humo- añadimos las legumbres. Programamos la cocción en el reloj hora y cuarto más o menos, con dos hojas de laurel.

Este espacio de tiempo fue el necesario para comenzar con el pisto de verduras: picado –todo del mismo tamaño- , y colocación según la secuencia de añadido. Teniendo en cuenta que por la época invernal, los tomates no son demasiado agradecidos y hay que revisar su evolución al soltar más agua de la esperada. Tras el sofrito, el pisto –con todas las verduras- se programó 15 minutos fuego medio fuerte y 45 minutos bajo.

Al poco finalizó la cocción de los garbanzos y los alumnos se pusieron a picar las verduras acompañantes: calabaza roja, judías verdes y zanahorias; y se les enseñó a hacer un majao en el mortero, cosa que ya dominan. Dejamos la cocción de los garbanzos otros tres cuartos de hora a fuego suave, añadiendo las especias (comino y pimentón Vera) y dejando para casi el final la medida de sal y el chorizo casero troceado (trozo por persona). Se les dio a probar y se les habló de la importancia de la presencia de lo cocinado.

Sin olvidar los tiempos, ambas elaboraciones se fueron desarrollando y quedó pendiente algo poco grato como es recoger y limpiar, pero bueno, esto se les supone aprendido.

Una vez listos garbanzos y pisto, se guardaron en las fiambreras preparadas al efecto. Lo dicho: el pisto a la nevera y los garbanzos al congelador. Y así se lo llevaron todo.

La razón de escoger estos platos para esta clase de cocina materna se debió a que son dos recetas que pueden prepararse con anterioridad a su consumo. Es la lucha contra la improvisación de la que tanto hablo.

La próxima clase: arroz con verduras y tomate frito.

Animo a padres y madres a enseñar a cocinar a sus hijos emancipados. Ellos tienen ahora que aprender a comer bien.