img054Cada nueva estación, la mayoría de nosotros ponemos en marcha la operación cambio de armario. Veremos aquel vestido que nos pusimos poco, los pantalones que se le quedaron pequeños a nuestro hijo o la camisa que se nos estropeó al segundo lavado. Leves problemas individuales relacionados con la ropa. Pero la producción, distribución, consumo rápido y despilfarro de ropa, también llamado “Fast fashion”, convierten a la industria textil en la segunda más contaminante del planeta.

En el suplemento XLSEMANAL de septiembre pasado leí un reportaje sobre el problema provocado por el salvaje consumo textil, de graves efectos en el medioambiente global. Tres de cada cuatro camisetas producidas en el mundo acabarán en el vertedero, subrayando además esta información que confeccionar un pantalón vaquero necesita ¡¡17.000 litros de agua!!.

Se calcula que cada español se deprende de unos 7 kilos de ropa al año, aunque estamos lejos aún de los estadounidenses, que tiran 35 kilos a la basura anualmente.

Y es que algunas firmas textiles impusieron el llamado “pronto moda”, haciendo que el consumo de prendas se disparase. Así, hay toneladas de ropa vieja que se acumulan sin que nadie sepa qué hacer con ellas, originando un grave problema medioambiental. Compramos cuatro veces más prendas que en los años 90, porque entre otras cosas son más baratas, con la deslocalización de la producción. Hay 250.000 fábricas textiles en el mundo y casi todas en Asia.

Se supone que la mejor opción es donar, reciclar o revender, pero así tampoco ayudamos a resolver un problema a escala mundial. Se ha roto el concepto de temporada tradicional de nuestra ropa (primavera-verano y otoño-invierno); ahora se trata de que el cliente compre en cualquier momento prendas perecederas que ya no duran varios años como antes, ni se heredan entre hermanos ni conocidos: es una obsolescencia programada.

Ahora la ropa es más barata pero de peor calidad. Además, la crisis empobreció a las clases medias en el mundo desarrollado que ahora compran ropa a otros precios. Detrás de esto hay 40 millones de trabajadores, con gran precariedad laboral, (con camisetas a 3 euros….) empleados en el sector textil mundial, que además produce gran cantidad de vertidos tóxicos en las aguas.

No obstante, las grandes empresas buscan reducir el impacto de su modelo de negocio, con un reciclaje de circuito cerrado, cambiando el modo producir-usar-tirar, a otro sistema en el que el final de la prenda sirva para fabricar la siguiente, evitando que la ropa acabe en el vertedero. De este modo han puesto en marcha un servicio de contenedores para recogida y reciclaje de ropa para futura producción de tejidos o para tiendas de segunda mano; pero esto aún no es rentable, pues solo funciona con el algodón puro y no teñido. Es decir, esta solución solo minimiza, no resuelve la actual saturación. Desechamos la ropa cada vez más rápido, pues está pensada para durar en el armario cinco semanas antes de tirarla. Esto es insostenible.

QUÉ HACER:

NO TIRAR LA ROPA A LA BASURA. Porque sus compuestos químicos pueden desprenderse e ir a parar a las aguas subterráneas desde el vertedero. Tampoco es buena su incineración por liberar toxinas en el aire. La ropa desechada se debe tratar con el mismo cuidado que las baterías. Las fibras sintéticas no son biodegradables.

REVENDERLA es buena idea, pero la economía colaborativa no es siempre lo ideal. Hay facilidad en los mercadillos en internet pero el mercado de segunda mano está saturado. La oferta excede a la demanda. Han descendido los índices de recuperación, en base a la mala calidad de la ropa.

¿DONARLA? a los necesitados va el 20-40% solamente, según la capacidad de gestión de la ONG. Pero ya no hay tanta gente necesitada de ropa, por lo que el resto irá a las tiendas de segunda mano de las propias organizaciones, que saldrán a precios tirados, obteniendo poca rentabilidad. Las prendas sobrantes se revenderán a los recicladores para convertirlas en trapos como relleno de moquetas, aislamiento térmico de edificios, tejidos para los maleteros de coches, etc.

Pero como estas empresas de reciclaje están en países como La India, enviar allí la carga cuesta más de lo que se puede sacar. A veces también se puede extraer la fibra, pero tampoco compensa por los precios. La ropa usada y la nueva fabricada en Asia viaja en contenedores por vía marítima en barcos muy contaminantes. Los trapos industriales también acabarán en el vertedero.

¿PARA ÁFRICA? Mucha ropa usada viaja a mercadillos de medio mundo. La de calidad intermedia a América del Sur; las de invierno a Europa del Este. Y las que nadie quiere van para África desde los años 80. Pero al ser más baratas que las de fabricación local, se hundió la industrial textil propia. Por ello, hay países africanos que han prohibido la importación de ropa de segunda mano. Para colmo, ha entrado ropa nueva fabricada en China, más barata.

CONCLUSIÓN: comprar prendas más duraderas aunque sean más caras salen más baratas a nuestro bolsillo a la larga y para el planeta. Ya que las fibras naturales como algodón, lino, seda, etc., a partir de celulosa, son basura alimentaria y al descomponerse producen gas metano, malo para el efecto invernadero.

http://www.xlsemanal.com/conocer/20160913/cataclismo-la-fast-fashion.html