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Estoy acabando un interesantísimo libro relativo a “Los mitos sobre nutrición que te han hecho creer”, bajo el título de “Mi dieta cojea”, escrito por el joven dietista-nutricionista Aitor Sánchez, editor del blog del mismo título www.midietacojea.com, que además es tecnólogo alimentario. De todos sus capítulos podría extraer información interesante para una entrada en mi blog. Pero he seleccionado un tema que el autor resume al final de la obra, titulado “Una guía rápida sobre qué comprar”.

Concluye el libro que a la hora de comprar alimentos, si éste carece de etiqueta pues mejor, ya que eso significa que se está comprando materias primas y sin procesar, productos frescos.

Indica también que caso de ser envasado el alimento, lo deseable es que tenga los menos ingredientes posibles, pues estarían menos procesados. Cosa que puede ocurrir en algunos congelados, botes o latas de conservas.

Por ello, no hay que hacer caso al nombre comercial del producto, así como los anuncios que tenga en los medios. La compra se hará sin condicionantes publicitarios.

También hay que ignorar las declaraciones de salud que lleve el producto en cuestión. No nos van a aportar nada. Es decir, que lo que afirmen sobre las supuestas propiedades nutricionales del producto pueden ser útiles, pero no tienen por qué ser una garantía.

Hay que evitar alimentos con mucho azúcar y sal.

Debemos fijarnos siempre en los ingredientes principales del alimento según la etiqueta.

Se debe comprar producto local y de temporada. (Habrá que consultarlo).

No olvidar otros factores importantes como alérgenos, fechas de consumo preferente o caducidad, el peso escurrido, etc.

En resumen, se debe comprar materias primas saludables y poco procesadas, o lo que es lo mismo, más mercado y menos supermercado.

Por ello:

¿Qué debemos comer siempre? Verduras, hortalizas y frutas.

¿Qué grasa es la más conveniente? La de los frutos secos y los aceites saludables.

¿Y las mejores proteínas? Legumbres, huevos, carnes sin procesar, pescado sin procesar y lácteos (éstos sin excedernos).

¿Cómo debemos completar la dieta? Fácilmente, con cereales integrales y tubérculos.

¿Qué beber? Agua en abundancia o infusiones.

¿Qué alimentos evitar? Productos comestibles pero que no sean materias primas….

He aquí uno de los capítulos del libro que desmonta teorías equivocadas, basándose en mensajes interesados y mal intencionados de la publicidad sobre el modo de alimentarnos.

Comer bien y por supuesto comprar bien, no es tan difícil. Y la etiqueta no es una guía infalible, tan solo una información accesoria, que indica que el producto no es fresco.

El libro repasa temas tan polémicos como el colesterol, los alimentos integrales, la contabilidad de calorías en las dietas, la cuestión de las grasas, etc., que ponen en evidencia la falta de información veraz del consumidor.

Creo que «Mi dieta cojea» es de lectura imprescindible.