IMG_20161126_200338Un año más hemos colaborado como voluntarios (y capitanes de equipo) en la operación Gran Recogida de Alimentos, organizada los días 25 y 26 de noviembre en toda España por el Banco de Alimentos, con el objetivo de recaudar 22 millones de kilos de productos alimenticios no perecederos. Tal cifra supone aproximadamente el 14% de las necesidades anuales de más de un millón de personas. En cuanto a los resultados obtenidos, pensamos que nuestro equipo ha conseguido la misma cifra del año anterior. Pero sí es cierto, que tanto público como colaboradores empiezan a “quemarse” y desanimarse un poco en estas repetidas campañas, a lo largo de varios años.

Algunos voluntarios observadores han referido el entusiasmo y disposición del público de años anteriores, sobre todo cuando estalló la crisis; incluso personas sin recursos colaboraban con emocionada entrega en las campañas de recogida de alimentos. Se habla de que la crisis está pasando….mientras Banco de Alimentos señala tan solo una disminución de las demandas  de ayuda que ronda el 7%.

Por otra parte, se han escrito opiniones que cuestionan el modelo de campaña empleado: el hecho de que en la recogida de alimentos participen solo grandes superficies, en detrimento del pequeño comercio, más necesitado de aumentar sus ventas.

También se ha criticado en las redes el tipo de colaboración de los supermercados, que se limite a vender más, sin realizar ningún tipo de donación por su parte. Es decir: sirven de canal de distribución, sin coste alguno y aumentando sensiblemente sus ventas durante dos días de noviembre.

Por cierto, me viene ahora a la memoria las primeras operaciones kilo, en las que el super (creo que entonces fue Carrefour), se comprometía a donar a su cargo la misma cantidad de kilos recaudados en la campaña. Este sistema pasó a la historia. Y hoy la operación se concreta en miles de supermercados de diferentes tamaños y formatos, que simplemente ponen sus instalaciones a disposición de la campaña. El resto, lo hacen los clientes con sus compras y donaciones, así como los voluntarios con su trabajo y su tiempo.

Hoy por hoy no veo muy factible el organizar una gran recogida de esta magnitud a través de pequeñas tiendas, pues esto haría muy difícil la logística y el transporte, y se alargaría mucho la duración de la campaña. Aunque en mi opinión sería lo deseable. Hay un pequeño comercio que apenas cuenta con apoyo y que no puede competir con las grandes superficies.

Por otro lado, no quiero dejar de comentar las impresiones vividas durante estos días: voluntarios que siempre están dispuestos a pesar de sus muchas ocupaciones, sus dificultades económicas y sus limitaciones físicas; clientes que entran al super solamente a comprar lo que van a donar; personas que dan las gracias por la colaboración del voluntariado; empleados del supermercado que también donan; personajes del barrio que son ya amigos, o la simpatía de las cajeras. En fín, una muestra interesantísima del mundo real que nos rodea, a través de las tiendas de calle. Y una carga de alimentos que podrá llegar a su destino, a las cocinas y comedores de un buen número de familias que o bien no tienen recursos, o bien sus recursos son claramente insuficientes.

Como ya he dicho varias veces, me gustaría que esta campaña no fuera ya necesaria. Más de un millón de ciudadanos lo están pasando mal, y alguien tendrá la culpa. Fracaso económico, mala suerte, puñetera reforma laboral o un poco de todo.

Nosotros hemos cumplido con nuestra obligación, pero nos quedó un sabor triste, melancólico, de algo que no acaba de resolverse. Y nuestra admiración por el trabajo y buena gestión realizado por el Banco de Alimentos, cuya transparencia y eficacia está fuera de dudas y es un ejemplo para nuestra sociedad.

Yo no lo entiendo, esto es España, pero cargamos con un porcentaje vergonzoso de paro, de necesidades y de desigualdades. Y donar alimentos no debería ser la solución, sino dar trabajo y dignidad.