Pues sí, en este mes de octubre, no recuerdo el día, las piezas de mi batería llegaron a casa, hace treinta años. Las compré a buen precio, gracias a una promoción a través de mi trabajo. Hasta entonces tenía solo algunos cacharros sueltos que me traje de la casa materna, algo deteriorados. Al fin, conseguí tener un conjunto de piezas nuevas a juego. El presupuesto no daba para más.

Vamos a hacerles algunas preguntas para la portada de mañana, ya que las he sacado del cazoletero para fotografiarlas:

¿Qué tal se encuentran tras tres décadas de trabajo duro?

Pues como pueden ver seguimos estando brillantes, casi como el primer día, aunque con apariencia algo puretilla. Tenemos una gran calidad y eso se nota. También influye el que la mayoría del tiempo la hemos pasado funcionando sobre vitrocerámica, que cuida más los cacharros que el fuego convencional de gas. Tenemos pendiente todavía probar con la cocina de inducción…. Todo llegará.

¿Recuerdan sus primeros tiempos en esta cocina?

Claro. Y las primeras torpezas de esta cocinera, con lo mucho que presume ahora. Alguna que otra vez se le ha quemado el guiso y las lentejas, y nos ha dejado el culo chamuscado. Pero luego con un breve remojo y algún estropajo de aluminio, hemos vuelto a nuestro brillo original. Somos la leche. Estos fallos siempre los hemos mantenido en secreto. Hasta hoy, claro.

¿Piensan que son el número ideal de piezas para una batería?

A ver: tres cacerolas a diferentes tamaños, dos ollas a dos capacidades, un hervidor de 2 litros y dos cazos. Ése era el número ideal de cacharros en las baterías de cocina de hace 30 años. Y hoy seguimos siendo útiles en nuestro diseño y tamaños, si bien unos trabajan más que otros. Atención a nuestras asas doradas. Entonces eran el último grito. Y hoy tampoco desentonamos, ¿no?.

¿Cómo resumirían su trabajo en la cocina durante tanto tiempo?

A destacar el haber sido testigos de las primeras escaramuzas culinarias, los primeros ensayos y torpezas en el fogón. Aún recordamos el primer quiso que salió rico, fue un pollo en salsa. Un pequeño y modesto triunfo doméstico que celebramos con la cocinera en bata de casa y en la soledad de aquella cocina primitiva a gas y muebles de aglomerado.

¿Y cómo ven las nuevas tecnologías culinarias?

Es que nunca hemos convivido con ollas a presión ni con las ultrarrápidas, y solo tenemos referencia de ellas por los comentarios que nos llegan. Nos llevamos bien con el robot Thermomix. De todos modos, nosotros aún damos buen servicio. Aquí se cocina mucho y con buenos productos y hay trabajo para todos. No es una cocina magistral, pero sí eficaz y constante, que ya es mucho.

¿Ustedes hacen de todo?

Sí. Muchos potajes, hervores y cocción de caldos, guisotes de carnes y pescados y algún que otro huevo duro. También calentamos agua para las infusiones. Aguantamos como nadie el calor y disfrutamos siempre con los aromas a buena cocina casera. Eso sí, damos fe de lo nerviosa que es la cocinera, que a veces nos saca de quicio. Siempre tiene prisa. Menos mal que tenemos reloj en la cocina.

Muchas gracias por vuestras palabras. Nos queda felicitarles por estos 30 años y desearles que cumplan muchos más con tan buen aspecto.