OCU POLLOEn todos los hogares españoles triunfa el consumo de pollo. Es versátil, muy combinable, tiene poca grasa, es muy masticable y digerible y además está bien de precio. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) el año pasado cada español consumió 13,78 kg., es decir, 262 gramos a la semana.

Hasta aquí todo positivo, pero la entidad alerta de la existencia de bacterias en el pollo, con el riesgo de posibles intoxicaciones alimentarias. Tras examinar varias muestras, todas a las 24 horas de haberlas comprado y sin acercarse a la fecha de caducidad, encontraron diversas bacterias patógenas, tanto el envasado como a granel, aunque menos en las primeras, es decir, en pollo en bandeja. Las bacterias encontradas fueron salmonella, listeria, E.Coli o campylobacter, si bien es ésta última la que causa mayor preocupación incluso en la Unión Europea (estaba en el 88% de las muestras).

El riesgo por tanto se produce si se manipula mal o no se cocina lo suficiente, o bien por contaminaciones cruzadas.

Por ello, se aconseja manipular el pollo en casa como si siempre estuviera infectado, y con estos cuidados nunca habrá problema, ya que la bacteria Campylobacter muere en altas temperaturas, y habrá total seguridad.

En cuanto a los antibióticos, se deduce que aunque se hayan suministrado al pollo, se ha esperado el tiempo suficiente para que desaparezcan de la carne, cumpliendo así con la normativa. Los antibióticos empleados no son peligrosos, sino la aparición de bacterias resistentes a estos antibióticos.

Normas para manipular el pollo según OCU:

-No lavar el pollo (no sirve de nada y además salpica y contamina).

-Lavar bien los instrumentos usados para preparar la carne de pollo.

-Cocinar la carne de pollo en profundidad, no usarlo semicrudo, y ojo a las hamburguesas o salchichas

-Lavarse bien las manos.

La Agencia Española de Consumo y Productos Sanitarios, así como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) controla la resistencia a los antibióticos en los animales de granja y en los alimentos. Tal vez vigilar no sea suficiente porque:

Los animales reciben antibióticos, que pueden crear resistencia. Nosotros también tomamos antibióticos con el mismo efecto. En los hospitales a los que acudimos se crean bacterias resistentes. Las bacterias se propagan a otros pacientes y van a los alimentos que consumimos. Al suelo y al agua llegan restos de antibióticos con los que se ha tratado a los animales (por residuos y heces) y los cultivos se riegan y fertilizan con estos restos. En fin….

Por ello, la EFSA además ha prohibido el uso de algunos antibióticos en animales, limitando su uso en veterinaria y por tanto en el medio ambiente.

MUESTRAS DE POLLO ANALIZADAS POR LA OCU:

De las 42 pechugas de pollo analizadas, 30 son de carne de pollo blanca, 12 amarilla (pollo de corral), pero que son envasados de un gallinero con salida al aire libre, crianza intensiva o extensiva alimentado con maíz, de ahí su color amarillo. También había una pechuga de pollo ecológico, que se cría al aire libre 1/3 de su vida, criado con alimentos ecológicos. Entre los comprados a granel, algunos son de carne amarilla, anunciándose como camperos, pero esto no puede probarse.

Fuente: resumen del reportaje de la revista OCU del mes de septiembre titulado “Pollo: uso y disfrute con seguridad”.