La Casapuerta Charo1El pasado viernes me tocó intervenir en este pequeño espacio hostelero de la calle Sagasta de Cádiz, que cede micrófono y orientación a todo aquel que tenga algo interesante que contar. No sé si el título con el que me anuncié -¿Cocinas o trabajas?- fue aclaratorio de las ideas que deseaba comunicar. Mis reflexiones sobre la cocina no son glamourosas con grandes recetas o influencias mediáticas. Solo defiendo la necesidad de cocinar para todos los días de la semana, en casa. Tal vez eso sea poco romántico.

Lo he dicho muchas veces. En España cada día sabemos más de gastronomía (vinos, quesos, elaboraciones, productos de exportación….), pero también es verdad que hay más familias que comen mucho peor que antes (desde el punto de vista de la salud).

Me entristece saber cuanto hemos perdido de cocina propia en favor de la industria alimentaria, que está haciendo su agosto, si bien estas empresas van por libre en su afán de obtener mayor y más rápida rentabilidad. Y mientras tanto, cada vez crece más el sobrepeso, la obesidad, la diabetes, hipertensión o enfermedades cardiovasculares….

En mi modesta ponencia cuestioné por qué se come mal en España, un país en el que los modelos de familia han cambiado y han evolucionado nuestras costumbres. Ya trabajan los dos miembros de la pareja en casa. Y el puesto de cocinero titular está un tanto en entredicho.

La compra es una tarea poco preparada, poco planificada en lo que a los alimentos se refiere.

Aquí van las causas que pienso que explican que comamos mal:

-La globalización (alimentos importados y a veces de peor calidad, ignorando los productos de cercanía, de superior frescura).

-Desconocimiento de la naturaleza de los productos y alimentos. A veces no sabemos lo que estamos comprando; las etiquetas son difíciles de leer y estamos arrinconando los productos frescos.

-La falta de recursos económicos: esto es una realidad. Las familias con niveles más bajos de rentas (y a veces sin recursos a causa de la maldita crisis) carecen además de equilibrio emocional para organizar sus hogares en lo que a alimentación se refiere.

-Menús inadecuados: es un factor que no se estudia debidamente. Hidratos, verduras y proteínas, junto a una grasa saludable es la estructura obligatoria de un menú equilibrado.

-Agresiones a los alimentos: el pan, la leche, el pescado o la carne han sido transformados y devaluados. No obstante, las legumbres siguen sin ser agredidas, y ofreciendo grandes servicios a la alimentación humana.

A estos problemas, propongo pequeñas soluciones como la necesidad de formación, o educación nutricional. La nueva pirámide de la alimentación establece la necesidad de una autoregulación de las ingestas calóricas en relación con el gasto energético (si gasto mucho, tendré que comer más fuerte).

También habrá que meterse y trabajar en la cocina de casa, organizándonos para tener preparado el menú de cada día. Y, por supuesto, no dejarse influir por la publicidad.

En mi intervención quise homenajear a las manos cocineras que durante años van a transmitir salud (o enfermedad, caso de no desarrollar buenas prácticas).

Pero, fundamentalmente, he querido comunicar la importancia de nuestra relación con los alimentos, más allá de aprender técnicas o conocimientos culinarios.

Como siempre digo, cocinar en casa no es un entretenimiento, sino un auténtico compromiso.

Y no quiero olvidar de dar las gracias a mis amigas gastronómicas por estar allí, a mi familia que también estuvo apoyándome y, a algún que otro amable seguidor de mi blog.