El pasado sábado disfrutamos de un almuerzo temático, en homenaje y demostración de la gastronomía de Elche, pero sin salir de la provincia de Cádiz.  En la Peña Gastronómica y Vinícola El Berrueco (término de Medina Sidonia), habían programado para ese fin de semana un menú tradicional ilicitano.

La Peña El Berrueco es un lugar ya conocido de este blog, por haberlo visitado en anteriores ocasiones, y que se caracteriza por ofrecer cocinas tradicionales de diferentes lugares de España (incluida la propia o del extranjero), a modo de restaurante-hogar, un término que se me acaba de ocurrir por no encontrar otro más acertado.

Comer en El Berrueco es una manera placentera e interesante de conocer otras gastronomías, a través del conocimiento de Amalia, su gerente, y de las manos de Mamen, su ayudante. El resultado es disfrutar y descubrir, al tiempo que se saborea la puesta en mesa de una decoración propia (platos, vasos, manteles….) y única, a modo de patrimonio familiar. De momento El Berrueco es inclasificable.

Normalmente diseñan un menú cerrado que incluye unos entrantes. En esta ocasión fue ensalada de capellanes (un pescado tipo arenque), que en realidad es la bacaladilla con sus tripas secas, acompañada de tomates, cebollas, ñoras, ajos y pimientos asados. El sabor era fuerte y amenazante, pero corto en boca. Se trata de un plato muy típico de la zona alicantina.

El cuerpo de cocina trajo enseguida un plato de berenjenas a la mistela y de dátiles con bacon, todo delicioso, pues armonizaban el mismo punto dulce. Las berenjenas nos sorprendieron, parando incluso nuestra conversación (cosa harto complicada).

Y ya tocó el turno del plato estrella, el arroz con costra. ¡Ojo que se considera el arroz más antiguo que se conoce, de 1490!, recogido en una publicación del gastrónomo Ruperto de Nola, en el siglo XVI. El arroz va hecho en barro, con morcilla, butifarra, pollo, conejo y cerdo, y antes de su conclusión entra en el horno, previa recepción de varios huevos batidos, que con el calor forman una costra en su superficie. Es un arroz muy contundente, que en El Berrueco prepararon con abundante generosidad. Un magnífico plato sin duda.

Pero lo peor de El Berrueco es que después de dedicar uno mismo toda su atención a probar los platos principales y escuchar las útiles explicaciones de Amalia, resulta que colocan en la mesa un postre excepcional (siempre), y a uno le coge ya relajado, distraído, creyendo que ya lo ha visto todo (ya me pasó en otra ocasión con la tarta de manzana, increíble). El postre del sábado se llamaba Tortada de Elche, y fue una sorpresa en jugosidad, punto y sabor, como derivada de la famosa tarta de Santiago. Total: se paró de nuevo la conversación.

Ambiente familiar, distendido, decoración hogareña de antigüedades y recuerdos, objetos que cuentan historias….la Peña El Berrueco añade un toque distinto a la gastronomía del lugar, ofrece pequeñas aventuras culinarias pero grandes en preparación y contenido. Es cuestión de avisar y reservar previamente.

Comer platos de otras latitudes, escuchar los fundamentos de su elaboración, saber dónde comprar estos otros ingredientes y provocar el archivo de nuevos conocimientos viajeros en la cocina. Todo ello junto a vajillas procedentes de listas de boda familiares, manteles con bordados étnicos o cubiertos vetustos que embellecen nuestras manos al comer: un pequeño placer que propone la reincidencia en un corto espacio de tiempo, para almorzar, merendar o cenar.

Ya me estaba imaginando el desfile de Moros y Cristianos.

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