Por segundo año hemos salido a manifestarnos –con permiso de la autoridad competente o no tanto- por diferentes puntos de la ciudad de Cádiz, convocados por la Asociación ADIP y la Asociación de Amigos del Subsuelo. De nuevo una iniciativa privada, un colectivo de jóvenes pero suficientemente formados y concienciados y con toda la razón, han denunciado el estado de abandono y desinterés que sufre gran parte de nuestro patrimonio único en historia y valor artístico.

Hemos partido de la plaza de la Catedral Vieja, deteniéndonos en la Casa del Obipo (yacimiento cerrado siendo un sagrado asclepeión), en la plataforma Entrecatedrales (que ha dañado restos púnicos), el Teatro Romano, el segundo mayor de Hispania (medio abierto o medio cerrado o medio ignorado), el Arco de los Blanco, puerta medieval (ya sin la ermita superior), el Castillo de la Villa medieval (sin interpretar ni informar aunque allí estuvo preso el mismísimo Cristóbal Colón), la Casa del Almirante (expoliada cruelmente, con las dos torres miradores más antiguas de Cádiz), la iglesia de la Divina Pastora (una joya del barroco gaditano cerrada y en peligro de derrumbe), el edificio de Valcárcel (ejemplo del neoclásico del siglo XVIII hoy abandonado).

En cada parada hemos homenajeado y escuchado los lamentos de estos edificios maltratados y casi olvidados. Y ya sabemos mucho más de todos ellos. Ahora hay que seguir contándolo.

Pero también se han recordado las baterías defensivas existentes en la ciudad –algunas tímidamente conservadas sin ninguna indicación para el visitante-, o la villa romana de la Zona Franca, o los 2 kms. de túneles subterráneos que recorren Cádiz.

Y como ejemplo positivo, la torre de Levante de la Catedral, ejemplo de iniciativa privada, que a las 21 horas aún permanecía abierto para el turista; no como el resto de los monumentos, que cierran sus puertas a las cinco de la tarde. Horarios imposibles.

Paseo que nos ha hecho reflexionar sobre la relación de Cádiz con su patrimonio (industrial, económico, artístico e histórico). Vergüenza y pérdida de oportunidades para el ciudadano medio. Desidia que no motiva precisamente al visitante. Necesidad de recuperar el orgullo de haber nacido aquí.

Ahora todos están controlados, vigilados y diagnosticados, que no es poco.

Y como siempre, a la hora de analizar una situación notoria, hablamos de una pérdida de apoyo mutuo ciudadano. En esto debemos estar todos, todos para apoyar a esta ciudad que ha sido tanto.

Gracias de nuevo a ADIP (Margarita, Antonio, Salvi y Moisés) y a Amigos del Subsuelo (Eugenio Belgrano) por salir a gritar y contar las cosas tal como son y como podrían ser si todos pusiéramos algo de nuestra parte (desde la Administración, la Iglesia y el pueblo).