Caballa de triste figuraMucho hablar de que es nuestro plato insignia, nuestro orgullo nacionalgaditano, nuestra joya gastronómica de base, nuestro patrimonio cultural en omega-3, para luego, pedirla en un céntrico bar y encontrarme con esta pena en el plato que además era de postre. Pena que tuve que comerme del tirón con ciertos reparos y sin protestar dada la hora. Una caballa triste, en la tierra de la caballa non plus ultra.

Ignoro de dónde vendrá este animalito –el de mi plato digo- que además tardó media hora en llegar a mi mesa, tal vez no esté pescada en su hábitat natural, La Caleta, y si su tamaño está dentro de los cánones legales. Pero es que su contemplación no me causó ningún entusiasmo, más bien me deprimió. ¡Cuantas caballas al horno con piriñaca (picadillo gaditano) he contemplado y me he zampado a lo largo de mi vida!. ¡Cuanta alegría caletera en el plato! ¡Cuanta gula nocturna y veraniega!. Y ahora, en el siglo XXI, en el florecimiento de la gastronomía y la cultura gourmet, las deconstrucciones y demás pamplinas con plancton, esto es lo que me ha tocado, la pena con tomate, digo con caballa.

Caballa triste, sin gracia, sin músculo, de sosa rigidez, mal colocada en el plato, de gusto indefinido, de nula comunicación con el aliño de guarnición, que va por su cuenta, y mal jugada en la cocina o en el horno. Caballa de la globalización tal vez. No me gusta.

Ha sido siempre la embajadora de nuestra alegría viñera, la más social, sin más, sin procesos artificiales, pero de sangre azul. Maridaba perfectamente con la cerveza más fresquita, las noches de poniente, las mesas con manteles de papel, el ir y venir de los vecinos saliendo de las casapuertas, los pantalones cortos y las chanclas, el no llevar reloj. Caballa gaditana, siempre nuestra, siempre disponible en temporada.

Precisamente ahora, halagada y apreciada por nutricionistas como el pescado fresco más saludable y sin embargo más barato para el pueblo,  ahora que eres objeto de estudio por expertos en alimentación, ahora que podríamos apoyarnos en ti, ahora –¡oh caballa!- vas tú y te transformas, te reinventas, te reconviertes en genérico. Si hubieras venido en grupo puesta en la fuente, pues a lo mejor habrías pasado desapercibida, pero como protagonista única, un desastre; dadas tus condiciones físicas no estás para primera actriz. Lo siento.

Tras esta triste experiencia, he perdido mi fe en la hostelería rutinaria. ¿Habrá que solicitar una denominación de origen o una indicación geográfica protegida?. Esto se está poniendo….