Cata Bodegas Urium1Con motivo de la I Feria de Vinos Vinanthia celebrada en Sevilla, y organizada por el sumiller Fran León y el distribuidor Ricardo Correa, hemos tenido ocasión de participar esta tarde en la cata de vinos de Bodegas Urium, de la mano de su enóloga Rocío Ruiz.

Hace más de tres años tuvimos la suerte de conocer las Bodegas Urium, degustando sus vinos a discreción, y dejándonos sorprender por el altísimo nivel de su producto. La bodega es una pequeña joya patrimonial que parece dormir superficialmente, pero que en profundidad trabaja para crear y enriquecer vinos de hoy, gracias a sus viejas botas (algunas de 200 años).

La familia Ruiz compró la bodega hace 9 años, con el objetivo de recuperar los vinos jerezanos tradicionales, nunca con vinos a medio camino. Su interior guarda 500 botas con soleras de fino, todas muy viejas, una vez descartadas 60, en un trabajo previo de selección.

No poseen viñedos, sino que compran el mosto anualmente a Pago Balbaina, finca de viñas ubicada junto a la zona atlántica, lo que le confiere un toque salino.

Bodegas Urium cría fino, oloroso, pedro ximénez, amontillado, cream y palo cortado, realizando crianza biológica de fino y manzanilla. Frente a la crianza clásica (12-17 meses de duración), Urium cría vinos VORS (con soleras de más de 30 años de antigüedad).

Fino, amontillado, palo cortado y pedro ximénez, fueron los vinos a catar, es decir, el Jerez clásico, antiguo y noble.

URIUM orienta su producción a recuperar los vinos típicos jerezanos. No tiene viñedos, sino que compra el mosto anualmente a Pago Balbaina, finca situada junto a la zona atlántica de la comarca de Jerez, que aporta un toque salino a sus caldos.

El mosto se destinará a crianza biológica o bien a la oxidativa. Cuando la flor es más fuerte, irá a crianza oxidativa, y servirá para rociar las soleras de las criaderas.

Cata Bodegas Urium2FINO URIUM: amarillo limpio brillante, con 8 años de crianza, largo en boca, intenso, elegante, con toques de frescura, aroma de almendras, potente pero equilibrado. Marida con todos los alimentos. No lleva azúcar residual ni tiene acidez. Es un fino palma.

AMONTILLADO URIUM: línea clásica, 15 años de crianza, sobre la base del vino fino anterior (crianza biológica muy marcada). (A flor más fuerte, menor glicerina y azúcar residuales). Muy seco, muy vertical, con toques de vainilla, tostado, incienso, color ámbar (más protegido por crianza biológica, por eso es más claro). Equilibrado, elegante y con su temperatura justa, para que se evapore poco a poco. Vino para beber despacito, a 17º. Marida sobre todo con verduras y atún rojo, quesos, frutos secos, ahumados y picantes. Un vino generoso como los de Jerez. Trae unos 11-12º C desde la viña y se suben a 15º. Urium realiza sacas pequeñas.

(De solera fino a criadera, amontillado). Normalmente, no hay que añadir alcohol, está muy integrado y no quema, no arde en boca. El tiempo es todo.

PALO CORTADO: según Consejo Regulador, y en términos organolépticos, un palo cortado es un vino que en nariz es amontillado y según la boca es oloroso, idéntico por sus parámetros. Viene de vinos destinados a crianza biológica, desde sobretablas (mosto del año), pero que servirá para rociar las criaderas de las soleras más jóvenes. Se eligen los más finos, según los palos cortados existentes en las Bodegas (los anteriores no se quitan). Con soleras de más de 40 años. Fino y palo cortado necesitan soleras. La crianza biológica es muy corta.

El vino lo hace el hombre según su criterio.

PEDRO XIMÉNEZ: un vino que quiere diferenciarse. Con más de 45 años, ideal para estancias oscuras, protegidos de la luz, de ahí las botellas transparentes. Es un VORS según prueba del carbono 14, aproximadamente 500 g de azúcar, con toque de frescor, 16º de alcohol, equilibrado y largo. Un vino que puso la guinda final a la cata. Con lágrima alta en copa, espesor medio y sin embargo sorprendente por su equilibrio, pues no empalaga sino que envuelve.

Vinos de Urium para disfrutar en la intimidad, recuperando los valores de los vinos ancestrales del marco clásico de Jerez. Soleras centenarias que vuelven a criar, a expresarse, a rejuvenecerse desde su riqueza y experiencia adquirida de muchos años. Aromas y sabores que afortunadamente no se han perdido y que volvemos a disfrutar como lo hicieron muchos de nuestros antepasados.