Tribeca-sevillaLos socios sevillanos de Slow Food continuamos con la sana costumbre de reunirnos para cenar los primeros jueves de mes, según coordinación y reserva a cargo de Fran González, su responsable. Los lugares elegidos para tal fin pertenecen al selecto grupo de restaurantes kilómetro cero o de comida ecológica, acorde con la ideología de la entidad. El pasado día 2 tocó el Restaurante Tribeca, situado en la zona de La Bouhaira (c/Manuel Chaves Nogales), y nos demostró sobradamente su alto nivel de calidad, por encima de la media.

Al ser un grupo de doce personas, se concertó un menú de precio cerrado que no incluyó la bebida, es decir, las cervezas de entrantes y un vino blanco exquisito de uva verdejo, un Rueda, Duquesa de Valladolid. Ocupamos montaje de mesa cuadrada (creo que le llaman “Imperial”) en una sala con el espacio justo para nosotros, los que nos dio intimidad y comodidad.

Tribeca mosaicoInició la cena la brandada de bacalao, aceitunas y naranja, exquisito y de un emplatado excelente. Siguió un pastel de cabracho y mayonesa de lima, de categoría; el ceviche de pargo tuvo nota alta; y un carpaccio de boletus y vinagreta de avellanas fue impresionante; un txangurro y salsa holandesa fue la siguiente propuesta, tal vez la menos definida, finalizando el desfile las huevas fritas de pez limón, cuyo ejemplar se mostró en directo, traído de Rota. El postre, una tarta de zanahoria exquisita.

No sabría decir qué plato me gustó más. Así como el ambiente, la decoración y la amabilidad del servicio.

Tribeca basa su cocina en el producto de mercado y temporada, sobre todo de pescado, que trae de las localidades gaditanas de Rota o Conil. Y con esa magnífica materia prima elabora, trabaja y presenta en modo alta cocina. No es un restaurante barato, porque no puede serlo, pero tampoco se caracteriza por un alto coste. Y, desde luego, merece la pena.

Restaurante Tribeca cuenta también con terraza de mesitas para el tapeo ligero, cosa que habrá que probar en una próxima ocasión.

Además, el establecimiento continúa luciendo en la puerta su chapa de kilómetro cero, lo que da idea del trabajo serio que viene realizando su jefe de cocina y copropietario, Pedro Giménez, por una cocina buena, limpia y justa, como pregona Slow Food, pero además de un alto nivel.