El mortero, decanoLa tecnología se cuela sin avisar en la cocina desde hace años: robots, ollas rápidas, picadoras, exprimidores, hornos última generación y microondas….son elementos que han invadido nuestra labor culinaria para facilitarla y vienen para quedarse. Pero quedan algunos inventos que no necesitan más energía que la de nuestras manos, y algún que otro accesorio antiguo a base de fuerza y cierta técnica mañosa aprendida con los años.  He aquí el mortero, que sigue estando activo, y nadie lo jubila.

Buenos días señor Mortero: ¿recuerda su primer contrato?

Sí, claro. Tengo buena memoria. Ya en la antigua Mesopotamia en el segundo milenio a.c. figuraba en la dote de la mujer casadera. ¡fíjese!. De ella era la responsabilidad culinaria del hogar (Ahora hablan de igualdad…). Así que sus regalos de boda iban en esa línea, aunque también incluían una sirvienta, un molino para harina fina, un molino para sémola, dos recipientes llenos de aceite…y un mortero de piedra, además de cucharas grandes y pequeñas. La thermomix no se había inventado todavía ni la cocina de inducción. Bueno, tampoco la bombona de butano.

¿Era más duro su trabajo entonces?

Yo funcionaba con aceite y harina fundamentalmente, y luego me añadían  otros ingredientes como el ajo. Yo trituraba o majaba (mejor dicho) en caliente, para hacer una sólida masa densa, fácil de comer y ser consumida sola, con carne o cualquier otro acompañamiento incluso con legumbres. ¡Qué tiempos aquellos!. En realidad yo vengo de los molinos prehistóricos. También se me ha llamado almirez.

¿Ha cambiado algo en su esencia?

Creo que nada. Tal vez la imagen, pero poca cosa. He sido diseñado de múltiples formas, materiales, colores, dibujos, etc., pero siempre seré eso: un mortero de cocina. Aunque me usan mucho para decorar, me pueden comprar en bazares, tiendas de chinos, locales pijos o grandes superficies…pero siempre soy igual de útil para el trabajo.

Le deberían proponer para la medalla del trabajo….

Dígalo, a ver si cuela. A mí nunca se me había ocurrido reclamar este tipo de cosas. De todos modos creo que a los cacharros básicos de cocina nadie los ha premiado nunca, con lo que llevan trabajado. Ahora todo va por los inventos, los artilugios eléctricos, electrónicos, inteligentes…. En fin, mucha pamplina veo yo y mucho afán de protagonismo.

¿Qué aporta usted a la cocina del siglo XXI?

Creo que mucho todavía. Puede que me guarden en lo más recóndito de los muebles de cocina, casi escondido, pero sé que en algún momento tirarán de mí. Yo siempre respondo con docilidad, con eficacia, rapidez….es mi carácter, a pesar de los golpes que recibo de la maja, mi eterna compañera del alma.

Hábleme de ella, nuestros lectores son algo morbosos….

Somos una antigua pareja de hecho. Uno no puede vivir sin el otro, esto está más que demostrado. Tenemos una relación sólida, a base de siglos y milenios. Yo recibo sus embates con entereza y me ocupo de conservar la emulsión tratada de ingredientes. Lo nuestro es una relación algo violenta desde el punto de vista físico, es una lucha cuerpo a cuerpo, pero la verdad es que es muy maja….

Una cocina sin un mortero no está completa.

Por supuesto. Sirvo para todo: aliños, gazpachos, salmorejos, gachas, mezcla de especias varias, machacados de ajos…. Por mí pasan ingredientes mínimos, pequeños, secundarios, casi insignificantes, pero que dan sin duda el toque a las comidas. Por eso mi trabajo es tan importante.

Enhorabuena por su larga vida laboral….

Gracias. De piedra, mármol, madera o loza, siempre seré un objeto de culto en los fogones. Sé que todos me adoran. Fui uno de los grandes inventos de la humanidad en su lucha por la alimentación, y sigo siendo compatible con los avances tecnológicos….de ahí mi prestigio y solera, por los muchos trienios que tengo ya acumulados. No veo todavía mi jubilación, la verdad. Lo malo es que con tantos recortes, a ver cuanto me queda de pensión…..! Haré cuentas!, y me jubilaré con ella, con la maja.

(Bibliografía: El libro del Salmorejo, de Almudena Villegas).