legislacion-aditivosAllá por noviembre del año pasado, la conocida bloguera y escritora Cristina Galiano (a la que sigo) dedicó un artículo muy interesante a los aditivos que se encuentran en los alimentos más corrientes, pero en cantidades sensiblemente superiores a las recomendadas, con el fin de conseguir mayor seguridad alimentaria. Estamos hablando de comida procesada, que al abusar de tantas sustancias antioxidantes podrían contribuir al aumento de enfermedades como el cáncer entre la población. Eso es lo han concluido algunas investigaciones realizadas por organismos solventes, en relación con el consumo de carnes rojas procesadas.

A efectos de referencia, Galiano sugiere que vayamos contabilizando durante el día los aditivos contenidos en los alimentos que consumimos, para tomar conciencia de lo que ingerimos. Es cuestión de apuntar.

Ya en el desayuno, empezamos con los derivados del café (¿?), el chocolate, el pan industrial o de molde, las galletas, bizcochos industriales y cereales. Todos ellos llevan aditivos, como la mermelada (pocas hay que no los lleven).

Los fiambres de pechuga de pavo o jamón de pavo también llevan muchísimos conservantes variados (antioxidantes, estabilizantes, potenciadores del sabor y conservadores). Da igual que la pechuga de pavo tenga bajo contenido de sal, también lleva sus aditivos, restándole calidad.

Otro ejemplo son los palitos de surimi, que llevan de todo, con lo famosos que son y lo fáciles que son de introducir en los menús. Por no hablar de los chicles, algo tan socorrido, que están llenos de sustancias que empiezan por E, y que detallan las etiquetas correspondientes.

Igual ocurre con los copos de puré de patatas, que contienen también un montón de sustancias raras. Con lo fácil que es hacer un puré de patatas en casa. Y lo peor de todo, las bolsas de chucherías para niños, elaboradas con un montón de aditivos.

Y no olvidemos que los refrescos llevan sus aditivos, además de ser poco saludables. Con lo famosos que son.

En fin, sabemos que la industria alimentaria tiene que recurrir a los aditivos para garantizar la salubridad de sus productos, alargar su conservación y evitar intoxicaciones alimentarias, objetivos muy sensatos, pero al final está claro que abusan de ellos en demasía sobre las cantidades autorizadas, empleando una gran variedad de sustancias químicas, haciendo preocupante su posible influencia sobre la salud humana.

Bueno, es cuestión de coger una lupa y ponerse a leer las etiquetas de todos los alimentos propuestos. La suma de aditivos consumidos diariamente puede dejarnos con la boca abierta. A excepción de los alimentos frescos que manejamos en la cocina, la mayoría de los productos llevan ingentes cantidades de aditivos. Habrá que minimizar su consumo por tranquilidad.