San Isidoro1La mujer del tiempo se equivocó y no nos llovió, en un sábado muy aprovechado para 30 personas relacionadas con la gastronomía y la cultura. Lola López organizó una magnífica visita guiada a la localidad sevillana de Santiponce para conocer el Monasterio de San Isidoro del Campo y el conjunto arqueológico de Itálica.

Visto desde la carretera no se imagina uno que San Isidoro encierre tal riqueza artística ni histórica. Nos lo demostró un guía de excepción: Pedro Respaldiza, experto conocedor del monasterio por su tesis. En un momento desfiló ante nuestros ojos una gran parte de la historia de España y de Europa, a través de órdenes monásticas, nobleza y realeza desde los siglos XIV al XVII.

San Isidoro del Campo –construido sobre una antigua mezquita bajo la cual se decía que estuvo enterrado San Isidoro de Sevilla- fue fundado por Alonso Pérez de Guzmán (Guzmán El Bueno) y su esposa María Alonso Coronel en 1301, como uso de panteón familiar. El caldero –símbolo de la Casa de Medina Sidonia- aparece constantemente en escudos, metopas y esculturas. En el siglo XVI finalizan los enterramientos en su interior.

San Isidoro2Nos concentramos en el Patio de los Naranjos del monasterio, que fue cementerio hasta el siglo XIX.

La magnífica puerta mudéjar con hornacina superior, echa en falta la pequeña estatua de piedra de la Virgen, obra de Lorenzo Mercadante, que luego pudimos contemplar en el interior del edificio. Enseguida accedimos a dos capillas góticas yuxtapuestas, construidas por Alonso y Juan Alonso Pérez de Guzmán, padre e hijo respectivamente, la segunda más alta que la primera, y que estuvieron incomunicadas hasta el siglo XV. En la segunda pudimos contemplar el impresionante retablo obra de Martínez Montañés, producto de su madurez artística. Ambas capillas emplean mármoles y columnas traídos de Itálica, y muestran un crucificado del siglo XIV de tamaño medio, joya excelentemente conservada.

San Isidoro3Fueron los cistercienses llegados de Burgos los primeros en residir en el edificio, como único monasterio masculino del Cister en Andalucía. El edificio está fortificado con elementos defensivos originales, de estilo islámico, poco usuales entonces, debido a los frecuentes ataques de los benimerines.

En 1431 llegan los jerónimos, orden más abierta a la sociedad (evangelización, órdenes mendicantes, etc.,). Así, el monasterio tuvo hospedería e incluso una botica para residentes y habitantes de la ciudad. Con la nueva orden, llega López de Olmedo, un personaje influyente, que con la posterior división de los jerónimo, construye el monasterio de La Cartuja en  Cazalla de la Sierra, bajo el mecenazgo del Conde de Niebla. San Isidoro fue parroquia hasta la primera mitad del siglo XX.

San Isidoro4La visita al claustro muestra el mensaje de convivencia de vivos y muertos, por los enterramientos en el suelo. En los rincones, altares propiedad de familias nobles, según escudos y símbolos. En las paredes, azulejos del siglo XVI del tipo cuenca, con hueco para rellenar el esmalte, del taller de Pisano.

Entre otros artistas, Pacheco pasa por el monasterio para policromar, así como Juan Sánchez de Sanroman, siglo XVI. Visitamos la nave de los evangelistas y doctores de la Iglesia. En las paredes, pinturas de clara influencia italiana, al gusto de la época, y las más importantes en el siglo XV en Andalucía, con técnicas al fresco o al seco, debido a la incompatibilidad de colores.

Conocimos el refectorio, la sacristía, la pequeña capilla privada y la magnífica sala capitular, estancias que son auténticas joyas. Los libros de coro se trasladan a la Catedral de Sevilla. Excelente pintura de la Santa Cena de gran formato, junto a diversos cuadros anónimos con escenas religiosas.

Un recorrido que ilustró no solo la importancia de la espiritualidad que respiró el monasterio a lo largo de su vida, sino también el haber sido uno de los primeros focos reformistas, lo que supuso la condena de sus monjes por la Inquisición en tiempos de Felipe II.

San Isidoro5Antonio Pérez Paz, director del Conjunto Arqueológico de Itálica, y otro experto, se encargó de mostrarnos el Teatro romano, descubierto en los años 70 del siglo XX.

Itálica fue la primera ciudad romana fundada fuera de Roma, concretamente en 206 d.C por Escipión, en lo que antes fue un poblado turdetano. Augusto le da estatuto de municipalidad con senadores y una élite económica y política. Trajano y Adriano nacen aquí. Su asentamiento coincide con el pueblo de Santiponce, que luego va creciendo. Existe aquí una gran huella monumental en ruinas. Antonio Pérez aconseja visitar el museo privado de la Condesa de Lebrija, en Sevilla, como gran muestra de restos romanos.

El Teatro es de la época de Augusto, en un espacio cercano al entonces puerto fluvial por el Ribera de Huelva, con diferentes meandros y con el canal de Madrevieja. Apoyando al graderío, se supone un arrabal, con plaza de culto imperial. Como lugar sacro, el Teatro contaba con estanque, ara, focus y cripta subterránea. Las necesarias excavaciones están paradas actualmente.

Terminó el día con un almuerzo en el restaurante La Caseta de Antonio, que cumplió perfectamente con las expectativas, y del que ya hemos hablado en más de una ocasión. Bacalao con salmorejo, taquitos de pescadilla frita, alcachofas con tomate y un excelente arroz caldoso culminaron la excursión por Santiponce artística del siglo XV y por Itálica de Augusto.

Y una conclusión: hay que seguir luchando por nuestro patrimonio.