Gracias a la tele (Onda Cádiz TV), el miércoles pasado usé su cocina ultramoderna Siemens; me sequé las manos con sus paños de cocina y guisé en sus cazuelas. Estuve en todo momento arropada por sus tres miembros –Paula, Carlos y Fernando-, entrevistada por un presentador elegante, y vigilada por dos cámaras y un técnico de control. Por fin conocí Foodie Cádiz, un espacio gastronómico al margen de la hostelería convencional, un lugar para degustar, descubrir, investigar y aprender sin puertas separadoras de cocina. Un ministerio con competencias que van más allá de lo gourmet políticamente correcto, una oficina para la libertad en los fogones, con agentes en su punto de maduración humana.

Foodie Cádiz viene a enriquecer la logística gastronómica de una provincia que tiene de todo, inmersa en la tarea de revalorización de su potencial culinario: productos, cocineros, vinos y un bastante de I+D. Así lo han visto Paula Varela, Carlos de la Rosa y Fernando Conde, que van a trabajarlo bajo el paraguas de la creatividad y a transmitirlo a quienes deseen participar en sus actividades.

Estoy hablando de un centro de interpretación gastronómica de iniciativa privada, una especie de delegación, un consulado, un espacio de referencia en formación y desarrollo de la cocina, más allá de lo que te enseñan las catas oficiales dirigidas o la misma restauración. Porque aquí es posible salirse del guión, cambiar el paso, votar no, e improvisar un protocolo. La cocina disfrutada en grupo que busca sorprender, demostrar, incentivar y, en suma, no someterse a los dictados de una carta preestablecida.

Un espacio diáfano en el histórico barrio de San Carlos de Cádiz, –el de la expansión en el siglo XIX-, cuando se construyen casas señoriales de alquiler sin escudos, junto a las murallitas cantadas en las alegrías. Con un olor a sal, a tarde de crepúsculo silenciosa y a brisa de rebequita, Foodie Cádiz se atreve a dar vida culinaria por libre a gente que sale en busca de sensaciones.

Con un máximo de 14 personas, Foodie Cádiz ofrece una actividad  interactiva: la bienvenida a los asistentes, el delantal y a trabajar en la cocina (sea pan, ceviches o guisos, da igual). Allí todos tienen que actuar, con la libertad de tunear su propio plato, sin reglas rígidas.

Paula, Carlos y Fernando no son profesionales de la cocina, sino apasionados de ella; aunque han trabajado en sectores relacionados con el mundo culinario de alguna manera. Se autodenominan “foodies”, una especie de espíritu gourmet informal, inquieto, curioso, inesperado.

El local cuenta con unas magníficas instalaciones de Siemens, incluidas en un proyecto de innovación, pionero en Andalucía. Mesas y sillas para disponer a la audiencia según tamaño. También hay botellas y algunos libros de cocina, así como cuadros originales en las paredes. Allí cabe todo: talleres de cocina, show cookings de cocineros, reuniones de amigos, programas de televisión, en suma, inquieta cultura culinaria.

Aún me queda vivir la experiencia en grupo, espero contarla pronto.

Más información en su página web www.foodiecadiz.com.