Alimentos viajerosÉste es el titular parecido de un reportaje del año 2010 sobre el impacto de los grandes supermercados, de la publicación Facpe (Federación Andaluza de Consumidores y Productores Ecológicos y Artesanales). Me la facilitaron en unas jornadas sobre producción ecológica a las que asistimos en Sevilla. Acabo de leerlo, y creo que su contenido sigue teniendo la misma actualidad, todo ello sin entrar en la filosofía puramente ecológica del consumidor, sino en el simple análisis de la realidad de la gran distribución comercial de alimentos en el mundo.

El fenómeno de la concentración es un hecho que se sigue repitiendo, y más concretamente en la distribución comercial de productos de alimentación. Esto suena muy bien, pues en principio supone atender las necesidades básicas de toda la población del planeta, pero tiene un alto precio: desatender y olvidar el entorno cercano.

El factor logístico: desde el punto de vista del consumidor, lo normal es acudir a un supermercado mediano cercano a nuestro domicilio o grande en la periferia de nuestra localidad. Las compras en pequeñas tiendas de barrio o especializadas siguen siendo minoría. La comodidad, horario de apertura y formato ayudan a ello, así como las mejores condiciones de compra. Pero estos hábitos provocan impactos en la economía local (de hecho cuando supermercados, hipermercados y grandes cadenas de distribución abren, cierran las pequeñas tiendas tradicionales).

Viaje ilimitado: pensemos que estas grandes empresas pueden traer un producto desde cualquier parte del mundo, consiguiendo el mayor volumen (previo almacenamiento), el menor coste y mejor precio en el mercado. Incluso se produce la duplicidad en el transporte de la mercancía vía importación o exportación (entran y salen del país) con lo que supone en contaminación, solo buscando el beneficio económico.

Repercusión económica: por estudios realizados (www.ideas.coop) se sabe que en un gran supermercado, de cada 100 euros de compra, solo 14 quedan en la comarca, mientras que en el pequeño comercio, asciende a 45 el beneficio local vía empleo y márgenes. Esto nos debería hacer pensar en la responsabilidad de nuestra compra.

Las cifras: somos 160 millones de consumidores en Europa, 89 millones de clientes directos, y 170.000 establecimientos comerciales en 600 cadenas de supermercados; dónde 110 grandes compradores tienen un gran poder de negociación ante más de 3 millones de agricultores/productores, 160.000 proveedores y 80.000 pequeños fabricantes. El resultado: que los productos valgan un 200% más en el supermercado que en origen, de lo que se beneficia el gran distribuidor comercial.

Tras estas reflexiones de la revista facpe pienso como consumidora que deberíamos alternar nuestras decisiones de compra, teniendo en cuenta las grandes facilidades que nos ofrecen las grandes superficies, pero sin olvidar las tiendas de barrio, y sobre todo los mercados de abastos, especialmente para los productos frescos.

Las grandes superficies dan empleo y supongo que riqueza vía impuestos, pero a un precio muy elevado, y, lo peor en mi opinión, es su oferta de productos homogéneos, poco diferenciados y muy “viajados” en detrimento de la calidad, y de la variedad de la producción local, que nunca debería perderse, por razones económicas, culturales y de justicia social.

En fin, un tema para pensar.

Fuente: “La gran distribución: supermercados, hipermercados y cadenas de descuento”. www.ideas.coop