En plena polémica por el encarcelamiento de los dos titiriteros que actuaron en Madrid, he asistido -en la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla- a la lectura y defensa de la tesis doctoral “Historia criticada y revisada de La Tía Norica de Cádiz”, sobre la compañía gaditana de títeres, activa tras 200 años de antigüedad.

Una interesante experiencia acompañar a su autora, mi amiga la gaditana Desirée Ortega, licenciada en filosofía y letras, profesora de la Escuela de Hostelería de Cádiz y crítica de artes escénicas. Veinte minutos duró su exposición ante un tribunal de cinco miembros, y dentro del programa de doctorado interdepartamental Ciencias del Espectáculo.

Desirée Ortega ha realizado una seria y rigurosa investigación sobre más de dos siglos de la Compañía de Títeres La Tía Norica, demostrando la importancia del fenómeno teatral, escasamente estudiado en la Universidad. Utilizó para ello fuentes primarias de carácter artístico, económico, religioso e histórico, mostrando la influencia social y económica del teatro, pero también cultural, histórica, artesanal, artística, escénica, literaria, etnográfica e industrial.

Ortega subrayó la volatilidad de los registros investigados para contextualizar la historia, el arte y la economía de los siglos XVIII y XIX en Cádiz, junto a las prácticas de carácter comercial, y a las festividades de invierno en Cádiz (navidad y Feria del Frío). Es decir, la existencia de la Compañía de Titeres no fue un hecho aislado, sino inserto en la realidad económica local. No olvidemos que el público de estos espectáculos siempre fue adulto.

Con la Transición española en el siglo XX llega la intervención de la Administración Pública en la compañía, y el protagonismo de los artistas gestores, que realiza giras a Francia e Italia.

La tesis investiga y sigue a cuatro generaciones de la familia Montenegro (gaditana, no italiana como se creía) desde el siglo XVIII al XIX,  propietarios y cómicos de La Tía Norica, fundada en 1815, si bien ya existía el fenómeno del teatro cómico en Cádiz, y documentándose la relación entre público y crítica, con actores de carne y hueso también. Las mujeres de la familia participaban de modo importante en las representaciones.

Por otro lado, el estudio corrige datos anteriores como fechas, nombres y lugares aportados por otros articulistas. En la actualidad, la compañía lleva funcionando regularmente más de 30 años, y se convierte en la gran protagonista del FIT (Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz).

En 1860 se ubican diferentes espacios de esta compañía y de otros festivales. En el siglo XIX y hasta 1965 realiza giras fuera de la ciudad, con representaciones durante la guerra civil. Más que los avatares históricos le afectan los cambios generacionales. Pero en Cádiz –a diferencia de otras ciudades- se mantiene esta compañía teatral a través del tiempo.

Refirió Desirée las técnicas de estos títeres (denominados de percha) en el contexto europeo, y su complejidad frente a otros más simples. Su protagonista titular es la única figura femenina conocida en teatro de títeres. La tesis busca un reconocimiento nacional e internacional a la compañía gaditana, permitiendo abrir nuevas líneas de investigación.

La tesis de Desirée Ortega propone rentabilizar el actual Teatro de Títeres gaditano y su museo, junto a los procesos de catalogación BIC y el expediente en curso para ser Patrimonio de la Humanidad.

Con el estudio, ha salido a la luz un rico patrimonio documental, con la prensa escrita como principal fuente de transmisión para compartir el resultado de la investigación. La Tía Norica es la crónica de una supervivencia.

Tan arraigada está la marca Tía Norica que el cantaor Rancapino la incluye en unas alegrías y la cantante Pasión Vega en una habanera. La compañía tiene concedida la medalla de las Bellas Artes. Es un acervo cultural, es la actriz “viva” más antigua de Occidente, y se relaciona con otros teatros españoles. En el siglo XIX los títeres gaditanos llegan a Iberoamérica (Buenos Aires y Montevideo). Jovellanos quiso prohibir a los titiriteros. El dramaturgo Benavente es quien primero los valora.

Tal como indicó el presidente del Tribunal ayer en el acto, es una tesis con pasión.