La pringaHola a todos: pertenezco al auténtico potaje extremeño, aunque si hubiera trabajado para otros, pues tampoco pasaría nada. En realidad voy en tercer lugar, después del caldo y de los garbanzos, pero me he colado por la cara. Estaba deseando salir en los medios, la verdad. Soy la pringá, la más llamativa y polémica, pero me da igual, no tengo complejos.

Aquí me tienen, recién puesta en la mesa, bien colocada en la fuente. En este potaje todos hemos trabajado duro, siendo yo la parte más compleja. Mis adeenes son conocidos: no llevo procesados ni cosas raras. Soy lo que he sido siempre. Mi único tratamiento ha sido la cocción en olla con agua bajo supervisión de tiempos y ternura.

En mi estructura interna van carnes de pollo o pavo, cerdo y ternera, chorizos varios y morcillas de Extremadura….bueno y algún discreto trozo de tocinito, pero todo fresco…. de calidad, sin aditivos ni lactosa, ésa que se empeñan algunas marcas en añadir a los embutidos y que está estropeando las digestiones de la gente. Lo de los alimentos y sus excesivos conservantes creo que es un asco, y perdonen mi impertinencia. Solo me cae bien lo del envasado al vacío.

Pasan los años y sigo siendo el plato reliquia en la mesa familiar. Los que se sientan en ella conocen perfectamente mi composición. Soy una federación de elementos, sin los cuales no existo, bajo la imprescindible batuta del cocinero. ¡Gracias!

Orgullosa de haber llegado hasta la mesa, aunque dure poco en el plato. Estoy deliciosa con distintos sabores jugosos; grasas animales, sí, pero con nombre y apellidos.

Soy una pequeña obra de arte, por ello me exhibo en la fuente más vistosa de la vajilla, y, al terminarse los platos de caldo y garbanzos, todos van a por mí del tirón. Y no engordo tanto como dicen, ya que no trabajo a diario, solo como excepción en ocasiones especiales (Dígalo así señora bloguera).

Eso sí, procuro hacerme acompañar de una buena ensalada de verduras crudas: tomates, pimientos, cebolletas, rabanitos, etc., necesarios para compensar mis calorías. Cada uno hace su trabajo. Yo, a estas alturas, no puedo ni quiero cambiar mi naturaleza. Siempre he dado alegrías, además de quitar el hambre.

¿Quién me iba a decir que en pleno siglo XXI sería el centro de atención en una comida familiar?. Pues ya ven. Soy lo que soy, sin tonterías. El máximo exponente de la cocina de invierno de antes, y de hoy: el alimento que lucha contra el frío climatológico y humano.

De momento, pueden disfrutar con mi imagen: mis detalles, mis pliegues, mis pellejitos, mi colorido….¡ah! y no se olviden de un buen pan…..

Ea! Ya he dicho todo lo que quería decir.

(La receta en el próximo post).