Comer en la oficinaNo es la primera vez que hablo de almorzar en el “curro”. Ya conté cómo se organizaban en mi antigua peluquería (pequeña cocina en el local) y en una cuadrilla de albañiles que reformaban el edificio de enfrente (con sus neveritas). El caso es que, debido a los abusivos horarios laborales y a las distancias de las grandes ciudades como Sevilla, se hace imprescindible organizar nuestro menú portátil para llevar al trabajo. Además, los sueldos miserables de hoy, no llegan para gastar en restaurantes a diario. De eso va el libro “Comer en la oficina”, de Mercedes Cucurny, publicado en 2005.

Lo que me más me “gusta” de esta obra es la declaración de su autora como poco amante de la cocina. Es decir, que al ponerse a escribir el libro lo hace por ofrecer una propuesta seria para comer bien, variado y barato fuera de casa. No hay nada como disfrutar de nuestra propia cocina “en mi casa o en mi trabajo”.

Dieta variada, con limitación de grasas y proteínas, sustituyendo incluso los lácteos más grasos por otros más ligeros, son los criterios para preparar menús ricos, completos y sencillos, con los que comer fuera de casa, siguiendo unas pautas de buena organización.

Tras unos buenos consejos, la autora propone sesenta recetas clasificadas, fáciles de preparar, de transportar y de conservar.

Por supuesto, el libro dedica mucha atención al desayuno y qué productos debería contener, pasando a continuación a hablar de los diferentes tipos de alimentos en función de sus propiedades. Comer en la oficina valora también y apuesta por el bocadillo de toda la vida con todos sus acompañantes: queso, atún, jamón, tortilla, lomo o butifarra, etc., sin renunciar nunca a la inclusión de la fruta.

No es necesario comentar que hay que organizarse, cocinando una vez a la semana, congelando, dividiendo platos en pequeñas fiambreras y usando el microondas como utensilio imprescindible. Todo menos dejarlo a la improvisación.

Los grandes o medianos centros de trabajo cuentan normalmente con instalaciones apropiadas para la comida de sus empleados, lo que facilita y hace más agradable la hora de la comida, como un alto inevitable y conveniente en el trabajo antes de continuar el ritmo laboral. En función a los medios disponibles, tendremos que adaptarnos (neveras, termos, fiambreras, cubiertos). Todo por conseguir comer bien a diario, evitar problemas digestivos y mantener la salud, y, por añadidura, el peso.

Las recetas incluidas en este libro nos pueden servir como guía o referencia para elaborar nuestros propios menús para llevar a la oficina, convirtiendo en un placer la hora dedicada al almuerzo o al desayuno, y ayudándonos a sobrellevar la dureza de las jornadas laborales. No olvidéis que tenemos obligación de cuidarnos por nuestro bien y de quienes nos rodean. Los albañiles saben mucho de esto.