Mi primera entrada de 2016 es agridulce. Acaba una etapa que empezó en los años 50. Frutería Gallán, magnífico puesto de frutas y verduras del mercado central de abastos de Cádiz, cerró ayer sus puertas. Allí quedaron por vender racimos de uvas de la suerte, algunas fresas de la precoz cosecha y patatas de Sanlúcar. Su actual propietaria, Ana Gallán traspasa el puesto y se prejubila de un trabajo duro, exigente y de pequeños márgenes de beneficio. El mercado de abastos tradicional se queda un poco más solo, porque se pierde un modelo de negocio de gran valor añadido.

No es para celebrar que un buen proveedor de productos frescos pegue el cerrojazo, sin ser reemplazado por otro similar. Durante lustros la familia Gallán atendió en Cádiz las necesidades de vitaminas según temporada, en los soportales del primer mercado de abastos gaditano. Y durante lustros también los clientes pasaron de padres a hermanos e hijos, porque la confianza en la calidad se fue transmitiendo simplemente por el boca a mesa.

En los módulos que ocupaba Gallán en el mercado –números 1 y 2- se instalará ahora un nuevo negocio del llamado rincón gastronómico, que responderá a la creciente demanda del sector gourmet de la provincia de Cádiz.

Aprovecho pues para comentar la crisis de los detallistas de alimentación tradicional en los mercados. Está comprobado que hay familias que no pueden pagar por frutas y verduras de calidad y precio adecuado. Está claro que en Cádiz, una parte de la población no recibe ingresos con regularidad, o son tan pequeños que para equilibrar su presupuesto las familias tienen que acudir a las ofertas, o emplear la tarjeta en las grandes superficies para así aplazar al máximo sus pagos. Parece ser que no hay efectivo para adquirir a diario o semanalmente los alimentos que más nos gusten o que más necesitemos. El gasto en alimentación familiar se ha precarizado sin duda, y así continúa a pesar de lo que digan los políticos.

Gallán afirma que con la crisis ha ido perdiendo muchos de sus antiguos clientes. Una pena. Porque también echa de menos los buenos restaurantes que se proveían de sus artículos, y que ahora, se suministran de mayoristas con productos de inferior calidad.

Está claro que ya los detallistas de frutas y verduras de las plazas de abastos no pueden ofrecer empleo como en otros tiempos, y solo sobreviven sus negocios con la ayuda de sus familiares. Y habría que preguntarse por el futuro que le espera a los mercados de abastos en este nuevo modelo de sociedad, caracterizado por las prisas, los horarios, y, para remate, la secuela de la crisis económica.

Mal está un país –o una ciudad- que no puede garantizar el gasto decente en buena alimentación a tan amplio sector de población. Mala gestión se ha hecho cuando en este país existen tantas desigualdades. Mal estamos cuando las ayudas ni siquiera garantizan el gasto reglamentario en frutas y verduras. Y mal está el considerar los productos del campo como artículos gourmet, cuando son de primera necesidad.

No obstante, quiero desear a Ana Gallán, prima mía por cierto, que esta nueva etapa traiga desde la experiencia pasada y el duro trabajo realizado, una vida a otra velocidad, pero llena de satisfacciones. La satisfacción del deber cumplido, vendiendo el mejor género para guisar lo más rico y sano posible y aportando prestigio a nuestro mercado más antiguo. Los buenos fruteros deberían ser un oficio protegido como un BIC, porque llevan a las casas lo mejor de la tierra.

El puesto de Ana será reformado para adaptarse al nuevo negocio. Su última propietaria se llevará los muchos premios conseguidos en el Concurso de exornos de Tosantos, y, como recuerdo imborrable, la foto de Pepe Gallán, quien fue durante muchos años su alma mater.

 

Más información:

http://www.comeencasa.net/2013/02/07/fruteria-gallan-en-el-mercado-de-cadiz/

http://www.comeencasa.net/2013/10/30/tosantos-2013-con-ana-gallan/

 

 

Me asombra