Un año más hemos colaborado en la actividad solidaria más intensa para paliar necesidades básicas de Andalucía y de España: la Gran Recogida de Alimentos. Han sido miles de voluntarios los que han pasado horas de pie en los supermercados, para recoger productos no perecederos comprados allí mismo por los clientes. La cifra ha sido muy similar a la del año pasado, pero eso no es lo más importante.

Un año más el encargado, Javier, nos atendió con amabilidad, colocándonos los carteles de la campaña en sitios llamativos, las bolsas de plástico que luego se darían a los clientes, e instalando la “bañera” o contenedor de cartón para reunir los alimentos. Javier resume que la GRA es buena para todos: destinatarios y vendedores.

Un año más, en la puerta del super había una señora pidiendo –creo que extranjera-, si bien en esta ocasión no volvió a su “puesto” en las frías horas de la tarde-noche. Pedigüeña con cartelito que este año no ha exigido alimentos de los recogidos para la campaña. Los productos no saben de caras, sino de hechos probados de necesidad.

Un año más la gente, al hacer sus compras, reservó varios artículos para la bolsita del Banco de Alimentos. La “bañera” se fue llenando poco a poco. A todos les agradecíamos la donación, pero muchos también nos daban las gracias a nosotros por estar allí.

Un año más hemos visto desfilar al público del barrio. El nuestro era un supermercado pequeño, de cercanía, que conoce muy bien a todos sus clientes. Hemos visto a familias enteras, y, sobre todo, a muchas personas mayores que andaban despacito con sus carritos de compra. Escaparate de la sociedad en la que vivimos.

Un año más no hemos tenido que insistir para recibir alimentos. La gente está muy concienciada en la necesidad y eficacia de esta acción solidaria. El Banco de Alimentos tiene una marca de seriedad y buena gestión, y, además, los medios de comunicación han hecho un buen trabajo de divulgación.

Un año más, hemos pasado frío en el último turno del supermercado. Las puertas corredoras –con un sensor demasiado “sensible” se han estado abriendo constantemente, dejando pasar el viento húmedo de la noche. Pero el invierno es así, y los trabajadores de la tienda también han sentido ese mismo frío.

Un año más, la cajera ha sido el primer contacto y la cara amable del supermercado. La gente le ha sugerido sus problemas y agradecimientos. Tiendas cercanas que miran a los ojos, controlan demandas y ofertas y dan la cara con franqueza. Un año más la cajera –Rocío- ha pasado con optimismo y vitalidad el turno del sábado por la noche, tal vez el peor, cobrando las compras, supliendo al panadero, recogiendo cartones, controlando etiquetas, contando el dinero, ofreciendo las últimas ofertas y haciendo el cuadre de la caja. Hay gente que trabaja a tope y no presume de ello b   .

Un año más, hemos hecho recuento de las bañeras llenas de alimentos, ya colocadas en el interior del almacén, nos hemos despedido del resto de los voluntarios, todos con una sonrisa. Este año hemos contado con una voluntaria mayor, con un bastoncito, que ha trabajado con pasión su turno de recogedora de comida. ¡Olé por la alegre tercera edad!.

Un año más hemos escuchado el testimonio de alguien que ha sido beneficiario de alimentos hace poco, y que vuelve a normalizar su vida, porque ha encontrado trabajo. Ahora enfila el futuro con esperanza; se despide con una sonrisa.

Un año más, me pregunto cuándo acabará este problema de pura necesidad, de precariedad, de desequilibrio de cuentas en el hogar, de inseguridad en la nevera. Un año más pregunto cómo es posible que familias que trabajan no tengan ni para fruta y verdura. Un año más miro a los responsables –empresarios o empleadores y por supuesto al gobierno de turno- si no se les cae la cara de vergüenza de mantener la política del malpagar y del maldespedir.

Un año más contactamos con las marcas de los alimentos duraderos, los que te esperan en la alacena, y, sobre todo, aquellos cocinados parcialmente como las legumbres cocidas, que dan por hecho que no cuentan con energía para su cocinado….pobreza, tal vez despreocupación, o desorganización, o desesperación o falta de interés. El resultado sigue siendo de nuevo acudir a las entidades beneficiarias del Banco de Alimentos.

Un año más nos llevamos un sabor agridulce –de obligación y de resignación-. Un año más, le hemos preguntado a Rocío, la cajera, por sus hijas. Ella, que tanto conoce a sus clientes, reconoce que han hecho un esfuerzo en la donación de alimentos.

Un año más, se cierran las puertas del supermercado y se abren las de la gestión, clasificación y entrega de productos con eficacia, a muchos hogares y comedores sociales. Convivencia voluntarios-supermercados, al ritmo de la pequeña distribución comercial. Unos hablamos con otros.

Un año más, se han suavizado los “picos” de la disponibilidad de alimentos, redistribuyendo un poco la riqueza básica, lo mínimo que toda familia necesita. Gracias al Banco de Alimentos por su trabajo transparente y comprometido con la sociedad.