arroz solidario y eficienteAyer domingo el chef Quiñones se lució conmigo, y eso que no soy más que un modesto plato de arroz. Sacó el mayor partido en gusto e imagen, buscando el máximo beneficio para un fin sin ánimo de lucro, una causa noble como es trabajar para devolver la dignidad de muchas mujeres españolas y extranjeras que tienen una vida difícil. Todo ello a través de las Hermanas Oblatas. En otras ocasiones he servido para comprar alimentos, pagar facturas de luz imposibles de atender o recibos de alquiler atrasados pero amenazantes. Para eso he trabajado junto con un salmorejo muy presentable y unas simpáticas friturillas expuestas para cada dos comensales. Un menú más que decente, profesional y cocinado con cariño.

Pues eso. El cocinero reconoció en público que no le llegó para comprar carabineros, ni gambas blancas, ni choco de Huelva, ni arroz con denominación de origen, ni siquiera unas almejas finas o un vinito fino de Chiclana….

Pero sí es cierto que me abrigó sobre un magnífico sofrito, hecho con generosidad, aprovechamiento y buen picado, y concedió los tiempos justos a cada componente, con lo que todos los avíos quedaron contentos y trabajaron a pleno rendimiento. Yo llamaría a esto buen oficio. La generosidad lo es.

Conmigo pusieron a cocer pequeños trozos de carne, sin grasas impertinentes y cortados con precisión. Por supuesto, el tiempo de cocción fue el recomendado por los cánones culinarios, y quedó el caldo suficiente para mi mayor gloria. Yo echaba humo controlado mientras los comensales apuraban la cerveza fresquita.

Para colmo, me sirvieron con buen ritmo. Eran exactamente 120 personas -que yo las conté-, y todas se alegraron al verme, sin malas caras por la espera. Aquí tengo que aplaudir al equipo de camareros voluntarios, un tesoro más de la Cofradía.

Una bloguera de la penúltima mesa me estaba aguardando con la “escopeta cargada”: deseaba probarme para sacarme algún defecto o carencia. Pero se quedó con las ganas: solo encontró en mí una excelente textura, unos granos separados y bien dispuestos, y un sabor rico y justo de sal.

Apenas sobró. El chef calculó las cantidades, acertó en el momento del reparto y los camareros trabajaron con rapidez y organización.

Aunque me presentaron en un plato de plástico desechable, no por ello perdí glamour frente a las buenas vajillas. Soy un arroz solidario y eso aumenta mi cotización.

El domingo fui el plato principal, el centro del menú, el más esperado, la estrella indiscutible. Y con mi coste bien ajustado, las cuentas salieron al céntimo. De nuevo se podrá entregar el esperado cheque a las Hermanas, tal como se había planeado. Hay quienes prometen y luego no pagan. Pero aquí hay gente muy seria.

MORALEJA: ponga un buen cocinero en su Cofradía, solo le dará satisfacciones.

Gracias, señor Quiñones.