Dice la radio que este año ha aumentado el gasto familiar en bares y restaurantes. Es decir, que por diversas razones (tiempo, imprevisión, jornadas laborales o simplemente cuestiones de capricho o de sociabilidad), sustituimos más el almuerzo o la cena de casa por tapas o raciones en un establecimiento. Al final, se estima que dedicamos un 40% de nuestros ingresos a comer fuera. Somos de bares.

El pasado sábado, Miguel Ángel Iglesias, que regenta el bar La Zurrapa, en la calle Dr. Gómez Plana (zona cuarteles de Varela) en Cádiz, invitó a sus clientes a una degustación de tortillas (tres variedades), asumiendo nosotros la bebida, al precio de un euro la caña de cerveza. Pues eso es lo que iba a contar:

Tortilla clásica, otra con cebolla y la tercera mixta. Las tres, expuestas en las vitrinas de La Zurrapa, dieron mucho juego cortadas en pequeñas porciones y con su mijita de pan de acompañamiento. Lógicamente, la caña fresquita, la cerveza de marca en lata, o el tinto de verano se intercalaban entre los platitos. Doy fe que todas las tortillas estaban recién hechas, un aliciente para los parroquianos expertos en tapeo sin fronteras.

Un soleado mediodía a base de tortillas de patatas, junto a filetitos de carne mechada o platitos de berza (éstos por nuestra cuenta), cubrieron perfectamente el expediente del almuerzo del sábado, en un ambiente de levante intenso. La sesión de tapeo finalizó de modo decente, con un té verde que entonó el cuerpo.

Pero lo más interesante de todo fue el protocolo institucional del evento: viejos amigos que no habíamos quedado con antelación en el lugar, nos sentamos juntos, alrededor de dos mesitas previamente unidas. Espuma cervecera, pan y picos, tapas de ida y vuelta. El tema de conversación: el tiempo transcurrido sin vernos, la gastronomía o nuevas aperturas de bares en Cádiz y Sevilla, y –como no- nuestros pasados laborales o nuestras ocupaciones presentes.

Degustar tortillas con amigos y vecinos es toda una experiencia. La Zurrapa invitará a estas degustaciones tortilleriles algún que otro sábado. El lugar se convirtió en un rincón del salón de nuestras casas.

Visto lo cual, está claro: el sábado no es día para comer en casa. Bastante tuvimos con dedicarlo a compras, arreglo de armarios, orden en tarros de especias y trasplante de macetas.  Para este relax están los bares de barrio, que nos ofrecen tapeo casero a buen precio y reencuentros interesantes. Somos mucho de bares. Y desde luego La Zurrapa se llenó.