Vinos de cabecera_editado-1A petición de un lector (creo que es la primera vez que un lector me pide algo), escribo sobre los vinos que utilizo con asiduidad en la cocina. Supongo que algún bodeguero o sumiller pondrá mala cara, porque no vea con buenos ojos eso de gastar buenos vinos en salsas y elaboraciones culinarias. Pero la verdad es que en casa bebemos vino con moderación y también cocinamos con ellos. En lo referente a los licores, ahí confieso que no lo bebemos más que en ocasiones especiales como navidad o algo parecido. En fin, que detallo los vinos que tengo siempre en mi cocina y en los que confío para dar el “toque” a mis platos. Eso sí, también nos servimos una copita con ellos mientras terminan las recetas. Todo es necesario.

Fino Arroyuelo, de Bodegas Collantes, de Chiclana (Cádiz) : para estofados de carne con patatas, guisos de pescados blancos y azules, ideales por supuesto para el atún. Además, lo suelo comprar a granel por comodidad y precio. Es un vino que sustituye divinamente a la manzanilla. Últimamente tengo en casa también el Fino en rama, que lógicamente es más intenso, y que además de probarlo en su catavino correspondiente, lo empleamos en una fideuá y con unas coquinas de Huelva. Excelente.

Tintilla de Rota JM Martínez: bodegas de Rota (Cádiz). Se trata de una variedad de uva felizmente recuperada. Su magnífico bouquet viene divinamente para los revueltos de verduras (espárragos, calabacines, berenjenas) y los pistos lo agradecen totalmente. Es un vino de largo recorrido en la cocina. Lo aconsejo, si bien su precio se va un poco. Pero es cuestión de emplear el mínimo.

Amontillado El Neto: Bodegas Manuel Aragón, de Chiclana (Cádiz), junto con Viejo Arrumbao, olorosos que van estupendamente para los estofados de carne sola (solomillos, ragout de ternera, etc.). El toque que dan estos vinos es sensacional. Y son estupendos en invierno para degustar antes de la comida.

Pedro Ximénez: de Bodegas Gutiérrez Colosía de El Puerto de Santa María (Cádiz). Es un vino imprescindible en mi cocina. Procuro descartar algunos PX demasiado espesos, pero no me gusta renunciar a la calidad a la hora de cocinar. Un vino ideal cuando se cocinan setas en cualquiera de sus modalidades. Para el arroz con níscalos o gurumelos, sensacional.

Brandy Carlos III: solera reserva de Jerez. Esta botella fue un regalo de un amigo, y ocupa un lugar de honor en mis muebles de cocina. Lo destino al solomillo, en una receta rápida de salteado, y también al arroz caldoso con langostinos. Un brandy en la cocina además es compatible con otros vinos sin problemas, aplicados en diferentes tiempos. En fin, de fondo de cocina.

Pues aquí van cinco de mis vinos favoritos para cocinar. Que me perdonen los bodegueros y sumilleres si ven en mi post un uso irresponsable del vino. Pero que sepan que a través de la cocina propia y diaria, valoramos todos estos caldos (además de otros), porque dejan aroma y sabor en las preparaciones, y porque además conocemos la historia de estas firmas y de sus propietarios, manteniendo gran amistad con algunos de ellos.  Solo el olor a bodega y a botas viejas que queda en casa nos hace disfrutar de ellos, una vez que el alcohol se ha quemado en la cocina, en los diez minutos de rigor.

Con medio vasito de cada uno crece el placer en la cocina.

Y además, todos son de Cádiz.

Dedicado a Jesús Machuca, enamorado de la cocina.