Mi traslado a Sevilla por estudios y trabajo (en este orden), me hizo perderme unos 20 años de vida de Cádiz, que creo incluso haber recuperado, apuntándome a todas las movidas culturales gaditanas. Pienso que nunca hemos tenido en Cádiz tantos “agitadores culturales”, líderes de inquietudes dormidas, y dados a conocer también gracias a las redes sociales. Eso ha ocurrido con la Asociación para la Difusión e Investigación del Patrimonio Cultural de la Provincia de Cádiz (ADIP), entidad sin ánimo de lucro, que lucha por “difundir el conocimiento que se encierra en cada rincón de Cádiz”. Su presidente es Moisés Camacho, joven escritor, investigador e historiador, que además pertenece al perverso e impagable colectivo de los que prefieren quedarse en su tierra natal, para luchar por ella.

El pasado 1 de mayo, asistí al paseo cultural con ADIP, por el barrio de El Pópulo, “de calles diferentes al resto de la ciudad, un aire morisco en su planta y de pueblo y nobleza en sus fachadas”. El objetivo era conocer el barrio a través del Nomenclator de sus calles.

Comenzamos en la Plaza Fray Félix (Plaza de la Catedral Vieja, Herrera), con escalera renacentista (ahora me entero), pozo y humilladero, y Pasillo del Padre Ventura (catedrático del Seminario). Con la Casa de Estopiñán (Diego de Estopiñán), donde residió en su visita a Cádiz nuestro gran Lope de Vega (amigo de Diego Arias, médico y astrólogo) y dónde escribió su novela Dorotea. En Santa Cruz, catedral vieja de Cádiz me bauticé y se casaron mis padres (en distinto orden, claro).

En esta plaza nuestros zapatos pisan los llamados chinos “pelúos”, reciclados de los lastres de los barcos. La barroca Casa del Plátano queda pendiente de visitar. La Casa de la Contaduría, con nuestros mayores tesoros catedralicios, además de un escaparate de las diferentes civilizaciones que han vivido en Cádiz), el nombre es por ser una oficina de tesorería, donde se contaba el dinero. Su forma de arco en fachada envuelve la cávea del Teatro Romano. Y recordar que parte de la fachada de Santa Cruz (sus columnas salomónicas de mármol del gran artista Andreoli) están allí al lado, bajo tierra, olvidadas).

Salimos al llamado Arrabal de Santiago a través del Arco de la Rosa (por José Chaves de la Rosa, obispo de Arequipa), señalando las murallas que cerraban la villa. Subimos al Callejón de los Piratas, llamado así por el suceso de la tripulación del barco El Defensor de Pedro, siglo XVII, que se amotina, y tras emprender su sangrienta aventura de asaltos y robos navales por la costa atlántica hacia Galicia,  atracan por error en las playas gaditanas. Son descubiertos y ejecutados.

Recalamos en la Plaza de San Martín, con la majestuosa Casa del Almirante, propiedad del rico comerciante de Indias Diego Barrios (ojo, la fachada es BIC monumento, obra del escultor Andrea Andreoli), hoy cerrada y poco cuidada. Calles Fabio Rufino (desde 1855), duunviro de Gades y juez. Nos detenemos en el Callejón del Duende, contando las varias leyendas que existen sobre su nombre.

La Posada del Mesón (hoy cerrada y con las excavaciones arqueológicas a medio hacer y a la intemperie), siglo XVII, que conecta con el Teatro Romano. Se llamó también Granados, por Diego Granados teólogo jesuita que nació aquí. Y nos adentramos en los restos de muralla –en algunos tramos reconstruida incluso con sillares romanos- . Salimos del Arco de los Blanco (familia de comerciantes), con la desaparecida capilla a la Virgen de los Remedios (1635), patio dónde estuvieron las carnicerías reales.

Divisamos el Arco del Pópulo (Puerta del Mar, Puerta de la Villa), calles Pomponio Mela (geógrafo romano), San Antonio Abad (se llamó también Séneca por el filósofo romano nacido en Córdoba). Y calle Pozo (se llamó también Siríaco un duunviro romano).

Arco del Pópulo (Puerta del Mar, Puerta de la Villa y Arco del Pópulo), Pomponio Mela (geógrafo romano), San Antonio Abad (patrón de los animales, también se llamó Séneca por el filósofo y escritor romano nacido en Córdoba). Y un recuerdo para Jorge Juan, marino, investigador, científico y arquitecto naval, que fundó en estas calles el primer Observatorio de la Marina española.

Un paseo entre amigos, una comunicación cercana, un recordatorio de nombres y personajes olvidados, y una denuncia de maltrato con nuestro mejor patrimonio. ¡Ah! y el precio de la visita, 3 euros para la asociación y una donación de alimentos para familias sin recursos.

Y por este orden, lo más importante ahora mismo, la apertura del Teatro Romano, que estamos pidiendo con firmas ante la Delegación de Cultura de la Junta. Firma aquí tu petición: