OlivierConstantemente llegan a mi correo peticiones de firma para diversas causas: desde libertad para periodistas encarcelados, familias expropiadas injustamente, solicitud de cobertura sanitaria, incluso exigencia de justicia para culpables impunes, etc. Las firmas unidas presionan sobre autoridades gubernamentales de todo el mundo, y gracias a ellas se consigue  restituir la legítima justicia social en el mundo, malparada por crueles atropellos. Hace unos días recibí una petición para apoyar al famoso cocinero Jamie Olivier (Essex, U.K.). Su proyecto busca conseguir que en las escuelas de todo el mundo se enseñe a comer más sano. Me parece genial. La mala alimentación es una lacra de nuestra sociedad.

La petición está destinada a un mundo desarrollado, es cierto, en el que al parecer hay suficientes alimentos para todos, y comer a diario no es un problema en principio. Pero por diferentes razones (influencia de la publicidad, cambio en las costumbres y por supuesto el peso de la crisis económica), la población está cambiando sus pautas alimenticias, consumiendo alimentos poco saludables y con unos menús poco equilibrados y nada variados. Y supondrá un alto coste en salud  y en disminución de calidad de vida.

Esto hace que ya desde la infancia surjan enfermedades relacionadas con la mala alimentación, empezando por el sobrepeso. En realidad, nos estamos enfrentando a una epidemia mundial de obesidad, que para colmo suele venir asociada a una clara desnutrición. Se habla de que 42 millones de niños y niñas menores de 5 años en el mundo tienen sobrepeso o son obesos. Y eso va a suponer que la próxima generación puede ver limitada su esperanza de vida, a menos que hagamos algo por evitarlo, a través de apoyar un cambio a mejor en la alimentación, mediante la formación.

Jamie Olivier, cocinero influyente, está recogiendo apoyos para que ya desde la escuela se eduque a los niños en el modo de comer bien. La formación e información alimentaria puede suponer una mejora en la vida de las siguientes generaciones.

Es una causa difícil: la industria alimentaria golpea y ataca con sabores adictivos y grasas saturadas. La gente no saca tiempo para cocinar. La comida se considera un mero trámite en el día a día. Los padres no son conscientes de la importancia del comer bien, de observar unas pautas educativas en la cocina y en la mesa. Y todo esto va a perjudicar la salud futura de los niños.

Por todo ello, he apoyado con mi firma a la petición de Olivier, en la seguridad de que la escuela es el escenario idóneo para empezar a construir una cultura de la alimentación, en la que además, aprendamos a valorar lo que comemos. La tierra y el mar nos ofrecen sus mejores frutos, pero a veces la elaboración industrial acaba con las propiedades de muchos productos, abusando de aditivos y colorantes.

Firmemos por la futura vida alimentaria de nuestros hijos. Y, sobre todo, firmemos y apoyemos una distribución más justa y sensata de los alimentos en el planeta, sin someterlos a especulación comercial ni a condicionamientos políticos. La alimentación es el primer derecho humano.

Y ya que vivimos en un país abastecido, lo menos que podemos hacer es mirar por lo que tenemos y saber seleccionar y combinar estos alimentos para nuestro consumo diario, por supuesto, con la ayuda de la buena cocina, nuestra mejor aliada.

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