Como gran país productor, adoramos el vino y su cultura, pero aceptando sus indudables beneficios, es inevitable hablar de los peligros que conlleva el abuso del alcohol. Es causa directa de una de cada ocho muertes de adultos al año, con impacto sanitario y social, según diversos estudios de salud. En ellos se cita el término anglosajón binge drinking para definir el uso y abuso de la bebida: el consumo rápido e intensivo, que además marca un factor de riesgo a la hora de valorar las consecuencias.

El binge drinking, es el consumo de más de 6 bebidas estándar de alcohol en hombres y 5 en mujeres en un periodo de 4 a 6 horas durante los últimos 12 meses, o sea, un atracón de alcohol. Lo practican sobre todo menores de 34 años (según Instituto Nacional de Abuso de Drogas y Alcohol de Estados Unidos). Consumir alcohol a esta velocidad puede dañar el hígado y otros órganos vitales.

Ya se clasifica como de alto riesgo el consumo superior a 40g/día en hombres o superior a 24 g/día en mujeres (10 g es una caña). Superadas estas cantidades, el consumo puede ser perjudicial para la salud y puede derivar en dependencia. Por otro lado, el estudio señala que en España un 2% de hombres y un 0,7% de mujeres fueron bebedores de alto riesgo (sobre todo hombres entre 45-64 años). En las mujeres, se observan diferencias estadísticas según el nivel educativo, incrementándose a medida que aumenta éste.

También se ha comprobado que la cerveza está desplazando al vino como bebida preferente. España se encuadra entre los países en los que la cantidad de consumo per cápita y la proporción de bebedores promedio de riesgo está descendiendo, mientras que la proporción de personas con un patrón binge drinking es elevada, especialmente en jóvenes.

Tradicionalmente se ha dividido el mundo en regiones con elevado consumo  (wet cultures) o bajo consumo per cápita de alcohol, dry cultures respectivamente. En los primeros, –wet cultures–  el consumo de alcohol forma parte de la cultura cotidiana, se consume con regularidad en las comidas y es de fácil acceso, con una proporción muy escasa de personas abstemias. Esto es propio de la cuenca mediterránea. A diferencia de los países con dry cultures, donde no es habitual el consumo de alcohol ni se integra en las comidas, su acceso es más restrictivo y la tasa de abstinencia es muy superior. Lo que no evita que cuando se consume alcohol sea más probable la intoxicación, como en países escandinavos, Estados Unidos o Canadá, donde triunfan la cerveza y los destilados.

No obstante, se comprueba recientemente que esta división wet/dry va desapareciendo, tal vez por nuevas formas de consumo emergentes. España podría encontrarse en este segmento de países en transición, aunque con un alto porcentaje de personas con binge drinking entre la población juvenil.

Los estudios concluyen que los grupos sociales más desfavorecidos tienen peor salud y mayor mortalidad que los de alta posición. Pero en el caso del alcohol, ocurre que las personas con mejor posición económica consumen alcohol de modo regular pero en cantidades moderadas, mientras que los de baja posición son abstemios en general, pero los bebedores ingieren mayores cantidades, presentando por tanto más problemas relacionados con el consumo de alcohol.

Con seis tipos de bebidas: cerveza, vinos-cava, bebidas “locales”, vermut-fino-jerez, licores-anís-pacharán, whisky-coñac-combinados, etc., todos los estudios coinciden en que es prioritario actuar sobre el consumo excesivo de alcohol. Además, no hay que olvidar que otra de sus consecuencias son los déficits nutricionales.

La cerveza ha desplazado al vino como la bebida que más contribuye a la ingesta total de alcohol.

Fuentes: Revista española de Salud Pública

y Diario de Cádiz-grupo Joly.